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Qué es la realpolitik?


La realpolitik (en alemán, “política realista”) es la postura que adopta un país cuando protege sus intereses nacionales de forma pragmática, considerando factores tangibles como su economía, su capacidad militar o su influencia política, y la de sus adversarios. Sin embargo, el término se utiliza sobre todo como sinónimo de la llamada “política de poder” (en inglés, power politics), que describe la actitud de un Estado que busca activamente aumentar su poder. El concepto de la realpolitik fue popularizado por la corriente de pensamiento del realismo político, que entiende la política como una lucha de poder, y se usa habitualmente para explicar las relaciones internacionales actuales. 



El primero en utilizar este término fue el historiador y periodista alemán Ludwig von Rochau, a mediados del siglo XIX. Rochau lo aplicó al nacimiento del Estado alemán y a cómo este debía comportarse en Europa. Para él, la realpolitik consistía en la capacidad política de un país como Alemania de adaptarse a la realidad del momento para actuar de manera pragmática o racional en beneficio de sus intereses nacionales. Es precisamente esto lo que vincula el término con la teoría política del realismo. Los textos clásicos de referencia para el realismo, como Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides, El arte de la guerra de Sun Tzu o El Príncipe de Maquiavelo, ya describen la política como una lucha por el poder que requiere de análisis y prácticas “realistas”. Desde ellos hasta hoy, los pensadores realistas se han nutrido de conceptos como “realpolitik” o “power politics” para describir la realidad según esta concepción de la política y el poder.

El término “realpolitik” está muy extendido en el estudio de las relaciones internacionales actuales desde que lo popularizaran autores como Hans Morgenthau, considerado el padre del realismo en las relaciones internacionales del siglo XX. Morgenthau describía la política internacional como una lucha entre los Estados por ganar poder, diferenciándose de la corriente idealista defendida, entre otros, por Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos entre 1913 y 1921. Al contrario que Morgenthau, Wilson pensaba que los Estados podían y debían cooperar y establecer normas comunes para mantener la paz. Durante el siglo XX, la realpolitik se adaptó al pensamiento realista estadounidense gracias a personas como George Kennan o Henry Kissinger, los asesores que diseñaron las estrategias de Estados Unidos frente a la Unión Soviética en la Guerra Fría. De esta forma, la realpolitik consistía en realizar políticas enfocadas a aumentar el poder de Estados Unidos frente a su adversario. 


Actualmente, se habla de realpolitik cuando un Estado usa su poder de forma pragmática y realista en beneficio de sus intereses y posición global. La mayoría de los Estados que aspiran a convertirse en una potencia aplican, de una u otra forma, prácticas basadas en la realpolitik. Un ejemplo claro es China y su construcción de presas en el río Mekong para condicionar las decisiones de los países del curso bajo del río, como Vietnam, Camboya o Tailandia. Otros casos son el uso que hace Rusia de los gasoductos con los que exporta energía a Europa como herramienta negociadora frente a la UE o las alianzas de India con Australia, Japón y Estados Unidos para evitar quedar aislada por la creciente presencia militar china en el Índico.


Los chalecos amarillos llaman a retomar las calles ante la crisis en Francia 

En un contexto marcado por un desastre social sin precedentes, los chalecos amarillos están pidiendo que la gente salga a las calles ante la crisis. Para el 12 de septiembre, junto con el regreso de las vacaciones, varios colectivos que integran el movimiento están pidiendo salir a las calles por un “retorno a las bases” de sus demandas. 

Los chalecos amarillos de Francia piden un "retorno a las bases", en referencia a los métodos y las demandas que impulsaron el movimiento disparado por la crisis económica. La convocatoria promovida por Jérôme Rodrigues, figura del movimiento, para salir a las calles el 12 de septiembre se publicó a principios de agosto y rápidamente se unieron a muchos colectivos de chalecos amarillos de toda Francia. 

En ese momento, Jérôme Rodrigues pidió un retorno a las fuentes, no sólo volviendo a los Campos Elíseos, escenario de los primeros actos masivos del movimiento, sino también recordando sus demandas. Entrevistado por RT France, el referente de los chalecos amarillos recordó los grandes ejes programáticos del movimiento en torno a "una vida mejor, una democracia directa y participativa, el fin de los privilegios de nuestros gobernantes y en contra de la violencia policial". 

Esta movilización se producirá en un contexto social explosivo, marcado por una profunda crisis económica y el ataque directo a las condiciones laborales de muchos trabajadores. “Hay una ola de despidos, 700.000 jóvenes que llegan a un mercado laboral casi inexistente. (…) El descontento y la rabia que veremos en septiembre no será sólo de los chalecos amarillos: será de todos los ciudadanos”, dijo Rodrigues. "Estamos aquí para restaurar no la economía de Francia, sino la economía de nuestras casas. Porque los que hacemos vivir a Francia somos nosotros, los Chalecos Amarillos, los ciudadanos enojados, los que trabajan todos los días, los que dieron la vida durante la pandemia de coronavirus”, señaló durante un vivo de Facebook.

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