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La necesidad de una supervigilancia en los proximos comicios electorales

Dado todo lo acontecido el pasado dieciséis de febrero cuando las elecciones municipales fueron sorpresivamente abortadas sin que hasta ahora se haya encontrado a los verdaderos culpables de dicho hecho; dado que las hordas peledeistas disponen de enormes cantidades de dinero provenientes de las arcas del estado para la compra de picapollos, transporte y posibles compras de cédulas y dado que intentarán quedarse en el poder a como dé lugar, es necesario que los que queremos un cambio verdaderamente democrático en este país no nos durmamos para despertarnos con la sorpresa de que la maquinaria electoral morada, a pesar de su desprestigio y desgaste, se alzó de nuevo con el santo y la limosna de cuatro años más en el poder.

Debemos recordar que unos 450,000 electores en las pasadas elecciones municipales, muchos de ellos ancianos, descubrieron que sus mesas electorales habían sido cambiadas sin que a ellos se les notificara previamente dicho cambio. Uno se imagina el inconveniente que dicha sorpresa significó para miles de personas que, sin disponer de transporte ni dinero, descubrían que su intento de ejercer su derecho al voto, se veía inesperadamente frustrado y que a los peledeistas, por el contrario, se les facilitaba el transporte. Hasta ahora, a dos días antes de las elecciones, la Junta Central Electoral no ha modificado el padrón electoral para reubicar a esos electores dislocados. ¿Un ligero inconveniente que debe ser obviado? Para el observador perspicaz, no. Dichas estratagemas, provenientes de un partido para el que no existen restricciones éticas en su intento de quedarse en el poder, indican que el peligro de un fraude perpetrado por el gobierno no ha pasado, y que las fuerzas verdaderamente democráticas de este país deben mantener la vigilancia hasta el último momento de votación.

Anidando en su interior el demonio del poder, despreciados por una masa creciente de gente que lo rechaza, el partido que ahora nos desgobierna es una especie de fiera al acecho esperando, al menor descuido, dar una estocada trapera a la verdadera democracia. Por eso esta columna apoya las recomendaciones propuestas por el diálogo alternativo en el que participaron unas veinte organizaciones de la sociedad civil y en el que se propuso, entre otras medidas, la creación de un comité de veeduría que acompañe a la Junta Central Electoral en el monitoreo de las próximas elecciones municipales. Dicho diálogo fue vilipendiado por bocinas y personeros gubernamentales que no acaban de entender que los afectados en este proceso, es decir el pueblo, que ya ha sido burlado anteriormente, y que acudirá en masa a votar el próximo domingo es al que debe dársele la mayor potestad, a través de representantes de probada solvencia moral, de mantener una estricta vigilancia que garantice la integridad del proceso electoral que se avecina.

El ataque del que fue objeto dicho diálogo y la negativa a aceptar e implementar sus propuestas de vigilancia fue esgrimido por quienes entienden que las transformaciones en una democracia deben venir de arriba hacia abajo, es decir, desde las instancias privilegiadas de instituciones oficiales que, en el caso de nuestro país, pierden cada día más credibilidad. Los verdaderos cambios progresistas en una sociedad, lo hemos dicho anteriormente, pocas veces vienen desde arriba, sino todo lo contrario, desde las masas populares que exigen sus derechos.

Por eso, este pueblo al que muchos sectores de poder ven simplemente como un banco de votos, al que se le ha irrespetado de una manera tan burda, al que se le despoja de manera canallesca de su dinero a través del más indecente nepotismo, corruptelas de toda índole y una carga impositiva altamente abusiva, debe esta vez defender, a uña y diente, la integridad de este comicio electoral venidero que, esperemos, erradique del tejido político dominicano el virus morado que tanto daño ha hecho a este país.

Por: Felipe Kemp

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