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Los reveses politicos de Danilo Medina

Bien puede haber puñalada sin lisonja, mas pocas veces hay lisonja sin puñalada Francisco de Quevedo

En su fuero interno, en lo más íntimo de su alma, o tal vez en la intimidad de su alcoba, Danilo Medina ha de sentirse bastante frustrado. Después de mantener al país en suspenso por varios meses, durante los cuales, como una araña venenosa, tejía secretamente las redes para capturar lealtades en apoyo a su intento de modificar la constitución para reelegirse, Danilo Medina recibió la primera estocada a sus intentos de perpetuarse en el poder: la llamada admonitoria de Mike Pompeo, el secretario de estado norteamericano. 

Herido en lo más profundo de su siquis, Danilo pronunció un discurso en el que intentaba reivindicarse y en el que anunció al país, con el estilo indirecto que lo ha caracterizado, que no se repostularía. Fue la primera derrota a la que seguirían otros reveses políticos que no resistiría el inflado ego de un hombre que se ha caracterizado por la doblez, la duplicidad, la falta de honestidad y la intolerancia en su paso por la presidencia de la república.

Su confesado odio hacia Leonel Fernández causó la ruptura, la debacle en el interior de su partido que todo el mundo veía desde lejos en el horizonte político dominicano y que finalmente estalló cuando Leonel hizo pública su renuncia del PLD. 

Inmediatamente, los danilistas pusieron en marcha su enorme imperio mediático para restarle importancia a la dimisión de Leonel, pero era evidente que la misma significaba otro duro golpe para Danilo y su círculo en el Palacio Nacional si pensamos que la salida de Leonel significaría la pérdida de miles de votos para la marioneta que Danilo escogería como su sustituto.

En esta serie de percances políticos que como un aluvión se han abalanzado sobre Danilo Medina, tal vez el más duro es su intento de vender Punta Catalina, inversión que él veía como la obra maestra de su paso por la presidencia. Su promesa de que esta planta, manchada desde el principio por la sobrevaluación, terminaría con los apagones ha quedado como otro de los grandes desmentidos de su presidencia. 

No es el propósito de este artículo abundar sobre los detalles técnicos de esta obra, para lo cual no estamos capacitados, pero sí afirmar que algunos de los técnicos más calificados del país coinciden en que la venta de esta planta sería un crimen financiero para el país y que la construcción de la misma ha estado permeada desde su concepción por la corrupción.

Es una constante en la historia que mientras más se recrudece la represión en los regímenes dictatoriales, más se anida el odio hacia los represores en el corazón de los oprimidos. Esto, que parecería un sentido común, es olvidado por quienes, embriagados de poder, se olvidan de que el pueblo, tarde o temprano, empieza a despreciar a sus verdugos. Y el desprecio ha empezado para Danilo y su camarilla. El abucheo del que fueron víctimas él y algunos de sus ministros al intentar salir secretamente por la parte de atrás de la basílica de Higuey fue el más reciente en una serie de escarnios públicos que ese pueblo que él dice representar le ha estado haciendo a él y a algunos de sus más encumbrados ministros. Estas manifestaciones en masa constituyen una muestra del desprecio público hacia una administración que se ha caracterizado por no dar la cara frente a la prensa, y por intentar abiertamente amordazar a quienes han expuesto y denunciado los actos de corrupción de la misma. 

Estas manifestaciones de afrenta pública constituyen una especie de vindicación hacia Marino Zapete, Rosa Encarnación, Ricardo Nieves, María Zalasar y otros periodistas críticos que a diferencia de los conocidos lambones de muchos medios de comunicación han ido en busca de la verdad.

Danilo Medina tiene ya bastante tiempo como el primer mandatario de la nación y su paso por la presidencia ha sido bastante funesto. La suya ha sido una administración manchada por grandes escándalos de corrupción, por la falta de transparencia, por un control omnímodo de casi todas las instituciones del estado, por un endeudamiento excesivo, por un aumento de la criminalidad y la delincuencia, por la intolerancia hacia la prensa crítica y veraz y por una acumulación del crecimiento económico en pocas manos.

Es natural que con un prontuario como el anterior la gente empiece a manifestar su repudio hacia Danilo y sus acólitos. Ya no valen los comentarios lisonjeros de bocinas pagadas. Ya no vale la astronómica cantidad de dinero en publicidad que gasta Danilo diariamente para saturar a la gente con mensajes sobre las maravillas de gestión. Danilo se desgasta cada vez más y no ha de sorprender que cuando finalmente sufra la derrota que inevitablemente le ha de llegar experimente la decepción final que sufren los que se endiosan con las lisonjas hipócritas que atrae el ejercicio del poder: la deserción de muchos adulones que quieren mantenerlo en la administración pública para servirse ellos mismos.

Por: Felipe Kemp

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