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La necesidad de las alianzas y sus dificultades



Los intereses políticos siempre de por medio 

1.- El ser humano acciona por una motivación; no se mueve por simple curiosidad, sino por lo que le ha de generar satisfacción material o espiritual en el presente o en el futuro. 

2.- Partiendo de que en el fondo de su alma las personas actúan por una razón, un móvil que las impulsa a algo, procede con inteligencia aquel que en el trato con los demás se preocupa por saber dónde reside, cuál es la razón de sus actuaciones en uno u otro sentido. 

3.- Demuestra agilidad mental quien comprende con rapidez lo que persigue aquel con el cual trata, porque no siempre el interlocutor demuestra transparencia; no resulta fácil a simple vista conocer sus pretensiones; la sagacidad hay que ponerla en juego para llegar a descubrir el significado de su proceder. 

4.- En cada sociedad heterogénea desde el punto de vista clasista, existe todo un mosaico de entes sociales, y cada segmento tiene sus aspiraciones económicas, políticas y sociales, sustentadas en ideologías, creencias y convicciones muy diversas. 

5.- No es cómodo unificar voluntades alrededor de un sólo instrumento político, porque siempre están presentes intereses opuestos; el antagonismo hace difícil la unificación de los contrarios, pero les une los intereses que priman entre ellos. 

6.- Es posible la unidad en la diferencia; basta que los actores estén conscientes de que no son idénticos sus fines e ideología, que se tratarán con lealtad, y que su acercamiento es fruto de la necesidad de sumar fuerzas en torno a puntos comunes. 

7.- La conveniencia en la conexión ha de guiar voluntades para hacer viable la creación de un órgano que haga posible el objetivo propuesto; la asociación, aunque sea momentánea, fortalece; la cohesión revela aspiración a triunfar; adjuntarse motiva la idea de integración para vencer. 

8.- De la misma forma que se entienden con suma facilidad aquellos que coinciden en intereses y en lo ideológico, resulta dificultoso el trato entre los que sustentan convicciones divergentes. A los iguales les es placentero concordar, no así a los que discrepan, porque casi siempre están preparados para contradecir, impugnar a su oponente político. 

9.- Aquellos que mutuamente se convocan para realizar pactos políticos programáticos, deben afinar los puntos en base a los cuales están dispuestos a llegar a acuerdos, así como también en los que bajo ninguna circunstancia habría avenencia. 

II.- El buen sentido y comportamiento de los negociadores 

10.- No todas las personas reúnen condiciones para sentarse a limar asperezas con el fin de llegar a armonizar diferencias. Las divergencias, a veces, impiden comprender que en el accionar político hay que revestirse de mucho tacto, cuando se está ante un interlocutor desemejante de pensamiento, defensor de intereses políticos disimiles, y que cree que concordar es ceder en sus principios. 

11.- Para pactar con adversarios políticos, por conveniencias coyunturales, no puede ponerse por delante el individualismo, el personalismo ni la condición de supuesto liderazgo; hay que proceder con ecuanimidad y sosiego, nada de apasionamiento, fogosidad e intransigencia. 

12.- Resulta casi imposible que los que propugnan por un acuerdo político programático tengan identidad de carácter, similitud en su forma de ser. De ahí que se impone despojarse de petulancia, vanidad, y todas aquellas cualidades negativas que acompañan a los seres humanos y sólo sirven para dañar, generar desavenencias y enconos. 

13.- El deseo de llegar a acuerdos políticos sinceros, debe estar acompañado de humildad, trato sencillo y actitud de abierto comedimiento. La arrogancia, el envanecimiento no contribuye al acercamiento, al contacto agradable, a la proximidad deseada por las partes negociadoras. 

14.- El lenguaje a utilizar en los encuentros para llegar a la unidad coyuntural, y con posibilidad de que se extienda, ha de ser respetuoso, comedido; en tono agradable y que, aunque acentuado, no demuestre incomodidad para aceptar o rechazar. 

15.- El comportamiento exhibido por los que intervienen en una negociación política no puede ser apresurado, de arrebato o estresado; la actitud debe ser en todo momento de reposo, tranquilidad, centrarse en lo que une, no agobiarse para provocar alejamiento. 

16.- Cada organización tiene que saber a cuál de sus miembros conviene escoger como negociador político programático, porque aquel que actúa en forma áspera, acerosa, no sirve como buen componedor, impide cualquier conciliación, no sirve para conformar, sino como disolvente. 

III.- Alianzas que limitan 

17.- La voluntad está condicionada por factores personales y ambientales, y cuando de política se trata se torna algo difícil porque el más mínimo gesto la modifica. Lo que en un principio en la persona se ve inclinada a aceptar, de un momento a otro lo rechaza; lo que se creía por ella deseado, en un abrir y cerrar de ojos se comporta indiferente, desanimada, dominada por la abulia. 

18.- En política, como en todas las actividades de la vida, hay que actuar con sano juicio, ser prudente; proceder poniendo la finura por delante, porque cualquier desliz puede generar inconvenientes no deseados. Un paso en falso inhabilita, hace ineficaz gestiones fructíferas futuras. 

19.- En el medio dominicano nos encontramos con dirigentes políticos controlados por el sectarismo que cultivan el dogmatismo; los enloquece la intransigencia, ella es su divisa; son intolerantes, permanecen acompañados de la inflexibilidad. 

20.- También los hay quisquillosos por formación personal, disfrutan la susceptibilidad, por un quítame esta paja reaccionan chinchosos, están condicionados para sentirse fastidiados, objetados o, de cualquier forma, censurados. 

21.- De ahí que para llegar a acuerdos, los dirigentes políticos tienen que estar armados de mucha paciencia, meditar muy bien cualquier decisión a tomar; a la hora de hacer una negociación política, una palabra tiene más valor que una onza de oro, por lo que antes de iniciar una conversación con fines de un pacto político, conviene pensar primero en una engorrosa partida de ajedrez, elevarse hasta lo más alto que pueda generar la inteligencia, el talento. 

22.- Conociendo la forma como reaccionan muchos dirigentes políticos de nuestro país, hay acuerdos electorales que limitan, acortan el espacio para negociar con otras organizaciones; reducen la capacidad para acordar; cercenan la oportunidad negociadora desde el punto de vista de la amplitud política. En sí, hacen difícil ampliar, colocan un lindero. 

23.- En el curso de un proceso electoral, algunas organizaciones políticas participantes que necesitan de otras fuerzas para vencer, caen en el error de hacer alianzas complacientes que las inhabilitan para concertar con otros sectores que rechazan estar al lado de grupos con historial político repugnante, totalmente reprochable. 

24.- En nuestro país hay toda una generación de hombres y mujeres, que no comparten un espacio político con sectores que en un pasado reciente burlaron los derechos humanos y las libertades públicas; los consideran que encarnan el pasado más oprobioso de la política dominicana contemporánea. 

25.- Las alianzas en base a principios tienen sus limitaciones, porque hay grupos que no resisten acercamiento para acuerdos con otros, ni con un pañuelo en la nariz, por su sucio historial politiquero, porque apestan; son malolientes políticos. 

IV.- Gestiones políticas para la unidad 

26.- Los pasos para conquistar la unidad se articulan dependiendo de la ocasión, la oportunidad, el buen momento. El estado, la situación circunstancial no se presenta siempre, y cuando llega hay que aprovechar las condiciones, la sazón, el punto. 

27.- En el accionar político no siempre la creencia responde a la realidad de las cosas; la rigidez mental, la fascinación, la ofuscación nulifica el sano discernimiento, impide que prime la lucidez, se imponga la sagacidad política. 

28.- Algunos dirigentes de organizaciones políticas democráticas consideran que la suya representa la verdad absoluta y la única que sinceramente lucha por el pueblo dominicano, pero al razonar así olvidan que, a veces, lo que se presume como verdad es fruto de una equivocación. De ahí que se admite que errar es de humanos. 

29.- En busca de la unidad programática, en el curso de las negociaciones hay que dar los pasos necesarios para ubicar la brecha que haga posible el inicio de la negociación, el agujero por el cual se ha de comenzar a consensuar, el resquicio que sirva de aliento para lograr la salida unitaria. 

30.- Cuando se quiere lograr la unidad política para beneficio del pueblo, no se procede buscando detalles, sacando a relucir minucias. Las cosas insignificantes se colocan a un lado; las pequeñeces no pueden estar por encima de la esencia, de lo trascendente, la grandeza es lo que hay que retener. 

31.- En las gestiones políticas para convenir no hay que fijarse en la persona que está de frente, sino la organización que representa coyunturalmente, lo conveniente que es administrarse para que con lo que aporta políticamente vencer al adversario común de ese momento. 

V.- Los programas de partidos políticos con objetivos comunes 

32.- Los programas de los partidos políticos no pueden ser una especie de catecismos cerrados; hay que verlos como documentos que se elaboran para consagrar lo que se hará, en el futuro, en caso de alcanzar el poder del Estado. Son los puntos que sirven de propuestas y en un momento dado pueden ser conciliados con otros de iguales objetivos. 

33.- Las ofertas electorales, las promesas que hacen los partidos a electores y electoras pueden llegar a ser conciliadas con proposiciones contenidas en otras demandas consignadas, diferentes a las propias elaboradas. 

34.- Los programas no son redactados para impedir acuerdos electorales; se hacen partiendo de realidades acordes con la situación del país; no se presentan como escritos con impedimentos absolutos para concertar; no pueden vedar acuerdos, ni contener indicaciones para privar a los dirigentes a negociar. Se hacen para aceptar, rechazar o adherirse a convenios de interés para sumar aliados, aunque sean coyunturales. 

35.- Desconozco, en lo absoluto, los programas políticos que han elaborado los partidos de vocación democrática, con el fin de presentarlos ante el electorado y el pueblo dominicano en general; pero partiendo del discurso de sus más calificados dirigentes, las diferencias, la diversidad entre esas plataformas no deben ser de una distancia tal que haga imposible la unificación entre las organizaciones sustentadoras. 

36.- Así, por ejemplo, si las organizaciones políticas Alianza País, Alianza por la Democracia y Opción Democrática, creen que les conviene unirse, y consideran que el programa suyo recoge el sentir de lo que se llama pueblo dominicano, es una decisión inteligente que de mutuo acuerdo sometan a un examen sus planes, su agenda, a una comisión de tres personas, reconocidas como serias, honestas y ecuánimes, para que los examinen y, luego de una ponderación sensata, emitan su opinión con relación a los puntos comunes y aquellos que son diferentes. 

VI.- Reflexiones Finales 

a.- La vida le ha dicho a las fuerzas democráticas del país que no somos portadores de la verdad absoluta, que no podemos materializar nuestros objetivos políticos y sociales, sin importar lo noble que sean, si no abandonamos la falsa creencia de que para llegar al poder del Estado basta con la fuerza de la razón, la justeza de la lucha y la pureza de las convicciones; pero sin contar con otros sectores que puedan y deben ser nuestros aliados en un largo trecho de la brega del pueblo dominicano por su liberación. 

b.- No es más que una testarudez, miopía política, seguir dominados por una absurda y sectaria obstinación que sólo nos ha llevado a convertirnos en enamorados de ideales no materializados, por estar de tercos. La tenacidad no puede llevarnos al aislamiento insensato, al encerramiento sin posibilidad de contactarnos para comunicarnos con otros que puedan compartir parte de nuestro pensamiento. 

c.- En el curso por alcanzar un pacto político hay que colocar en primer plano aquello que está ausente de contradicción para concertar, y dejar para luego los puntos conflictivos que pueden constituir un obstáculo para avanzar. 

d.- Para llegar a la unidad hay que comprender que no se está tratando con quien hay afinidad política, conformidad ideológica, sino desigualdad de pensamientos, diferencia de intereses, disparidad de fines estratégicos absolutos. 

e.-El buen discernimiento contribuye al desarrollo de la lucha social cuando se pone en práctica con el fin de, aun enfrentando adversarios, vencer la ofuscación, demostrando perspicacia, olfato político, hasta lograr penetrar, por medio del convencimiento; se llega a la unidad mediante la sencillez, no con la prepotencia disolvente, la arrogancia disonante. 

f.- Resulta posible un acuerdo programático entre fuerzas políticas que defienden intereses adversos, si los negociadores están conscientes de que transigir no quiere decir claudicación, sino armonía en lo que conviene en una coyuntura política, por pactos favorables a su táctica, para alcanzar su estrategia. 

g.- El ambiente político dominicano en ningún sentido es nítido; se presenta oscuro, muy opaco, y el que crea que va a moverse en un campo libre de suciedad y opacidad, está equivocado. Lo pulcro, transparente e intachable no se observa hoy, de ahí que las negociaciones políticas en base a principios son sumamente engorrosas, fastidiosas, un incordio. 

h.- Hay que explorar todas las vías posibles a los fines de unir fuerzas; hacer tanteos con sentido unificador; bucear para ir al fondo de lo que conviene a cada contrincante; sondear a los diferentes posibles aliados, en fin , hay que tomarle el pulso a todas aquellas organizaciones interesadas en concertar y que aportan. 

I.- Aquellos que quieren seriamente unir fuerzas para avanzar y vencer están en el deber de explicar con claridad su propósito; desarrollar argumentos convincentes; estar en condiciones de dilucidar, puntualizar con altura en lo que están dispuestos a ceder, a no transigir o armonizar. 

Por: Ramón Antonio Veras




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