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Haití es un caso para ser tomado más en serio de este lado


Haití no sale de una crisis. La última gran convulsión social se inició hace poco más de un año y forzaron la salida del primer ministro Jack Guy Lafontant. La paz no ha regresado a las calles de las principales ciudades de la empobrecida nación y ahora, a raíz de denuncias de corrupción, piden la renuncia del presidente Jovenel Moïse. En las protestas han muerto más de un centenar de personas. 

República Dominicana debe estar alerta ante estos acontecimientos. El recrudecimiento de esta situación traerá más presión de este lado de la frontera. Lo más lógico es que ante este caos e ingobernabilidad; con instituciones inexistentes y un aumento de la inseguridad ciudadana, que pone en riesgo cualquier actividad productiva, sea el territorio dominicano el destino hacia donde deban emigrar los haitianos. 

Las estadísticas son muy elocuentes cuando se trata de analizar la ponderación de los haitianos en la economía dominicana. Su contribución es fundamental en sectores tan importantes como el turismo, construcción y agricultura. Sin embargo, también es pertinente tomar en cuenta que hay hospitales que de cada diez partos que realizan, seis son a mujeres de la vecina nación, quienes cruzan a buscar atenciones médicas de este lado porque en su país no existen siquiera las mínimas condiciones. 

Cabe una pregunta: ¿Qué capacidad de absorción de inmigrantes haitianos tiene República Dominicana? En un país con una tasa de desempleo oficial cercana al 14.5%, con salarios deprimidos y con sectores productivos afectados por problemas de competitividad, sería muy negativo exponer el mercado laboral a una sobreoferta de mano de obra. Los más perjudicados serían los dominicanos y, por qué no decirlo, la economía en cuanto a tener sectores que puedan ofrecer no sólo empleos de calidad, sino también mejores servicios. 

Las autoridades dominicanas, más allá de ser testigos pasivos de la situación, están llamadas a organizar a un foro multisectorial para analizar más profundamente las implicaciones de esta crisis política, social y económica de Haití. De este lado estamos obligados a apostar a la paz de aquel lado de la línea fronteriza, ya que las consecuencias también se sienten en República Dominicana. 

La convulsión social es un tema muy serio. Seamos proactivos, no reactivos.

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