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El país va a las elecciones de 2020 dominadas por el conservadurismo


Una ola de conservadurismo caracteriza la política dominicana de hoy, a tal punto que ya no hay ni siquiera matices de diferencias entre los principales partidos y sus jefes, porque concertar cualquier tipo de pacto para escalar posiciones estatales es su prioridad y lo hacen con la mayor candidez del mundo. 

Hay, probablemente excepciones para poder confirmar la regla, pero el escaso peso de organizaciones políticas diferentes equivale a lo mismo que una golondrina tratando de hacer verano en medio de una tempestad de primavera. 

El acuerdo que acaban de firmar 12 partidos para llevar candidaturas comunes en el nivel senatorial, borra todas las fronteras artificiales entre políticos iguales que por años creyeron y dijeron al electorado que eran diferentes. 

Ahora tenemos a candidatos al Senado que hasta hace meses eran participantes activos en la Marcha Verde en contra de la corrupción y la impunidad, junto a los más conspicuos auspiciadores de la corrupción, el clientelismo y el caudillismo, quienes porque saltaron fuera del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ahora son “patriotas, honestos y ¡salve rey!, opositores”. 

Partidos, dirigentes y candidatos que hace relativamente poco tiempo estaban distantes y hasta enfrentados, hoy aparecen “unidos” en el interés de conquistar el voto mayoritario para caer sobre los poderes públicos para hacer más de lo mismo: clientelismo, reeleccionismo, corrupción, postrar la justicia, ignorar los problemas fundamentales del país, multiplicar la deuda, soñar con un Nueva York chiquito mientras la delincuencia de todo tipo corta las venas de la decencia y se adueña de los espacios públicos. 

Nadie sabe quién tiene la coraza más dura, si Leonel Fernández que se coloca el traje de opositor a conveniencia luego de caer derrotado o los dirigentes de los partidos que adversaban al PLD y ahora lo reciben como a un héroe. La gente que ha luchado por la libertad, la justicia y la democracia sin buscar posiciones públicas, se queda perpleja ante tanto oportunismo. 

Justifican a Ramfis
¿Con qué cara, cualquiera de esos “opositores”, se atreve a oponerse a que Ramfis Domínguez Trujillo se postule a la Presidencia? ¿En qué se diferencian de él, en términos políticos e históricos? 

El programa de los partidos opositores, incluyendo el adquirido por Leonel, tiene un solo punto: ¡Llegar al gobierno! 

Mientras a este país lo desangra la narco delincuencia, los feminicidios con la complicidad de gran parte del ministerio público, de los jueces y de la Policía, el irrespeto a las leyes, la perversión de las instituciones, los políticos no tienen iniciativas para proponer políticas públicas capaces de revertir esa tendencia. 

Los candidatos parecen artificieros recurriendo a cualquier fórmula para participar del próximo gobierno aunque sea en condición de socios minoritarios y para “buscarse lo suyo”. 

Los llamados opositores, son en esencia, competidores con banderas diferentes pero con idénticos propósitos: controlar el poder para no hacer algo que resuelva los problemas fundamentales de los dominicanos, pero buscan forrarse de dinero para lograr el ascenso social que no pueden obtener por carecer de talento y virtud. 

El golpe los retrata 
Un hecho trascendente de la política latinoamericana como es el golpe de Estado perpetrado contra el presidente constitucional de Bolivia, Evo Morales, por fuerzas políticas fascistas, firmes aliadas de la oligarquía y los intereses imperiales, no ha merecido ni siquiera una condena protocolar de los partidos dominicanos. 

Salvo una declaración del secretario de Asuntos Internacionales del PLD, el senador Julio César Valentín, condenando el golpe, ningún otro dirigente de ese partido ni de las demás organizaciones políticas ha salido en defensa de la democracia boliviana ante la caza que desataron hordas fascistas, civiles y militares, contra funcionarios, legisladores y familiares de Evo. 

¿Qué razón tendrán el Partido Revolucionario Moderno (PRM), la Fuerza del Pueblo, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) para guardar silencio ante el derrocamiento de un gobierno democrático? 

¿Por qué Luis Abinader, Leonel Fernández, Gonzalo Castillo, Federico Antún, Miguel Vargas Maldonado y sus más cercanos colaboradores y aliados miran para otro lado cuando están ultrajando las instituciones democráticas, asesinando, persiguiendo y encarcelando a las personas en toda Bolivia? 

Es una vergüenza que quienes se consideran líderes democráticos de un país que fue agredido y ocupado militarmente por Estados Unidos en dos ocasiones durante el siglo pasado, donde el primer ensayo democrático con Juan Bosch al frente del gobierno en 1963 fue frustrado por las mismas fuerzas y los inspiradores que lo hicieron hace 10 años en Honduras y ahora en Bolivia, se hagan los indiferentes frente a la usurpación de la voluntad ciudadana. 

No hay dudas de que esos partidos y esos líderes políticos se tragan sus opiniones porque no se atreven a mantener equidistancia del poder norteamericano que primero desestabiliza los gobiernos que no son sus vasallos, apoyan y promueven públicamente el golpe y luego reconocen a cualquier payaso que se preste a su juego. 

Tengo la convicción de que el pueblo boliviano tiene fuerzas suficientes para derrotar a los golpistas y en poco tiempo organizará la resistencia para llevarla hasta la victoria, pero eso no exime a quienes en el mundo silencian su voz cuando se está consumando un crimen contra la democracia electoral de un país hermano. 

La lucha contra el golpismo es un deber elemental de los hombres libres y no tiene frontera territorial, pero marca muy claramente a los farsantes, a los que en ocasión se quieren vestir de progresistas para embaucar a las grandes masas que generación tras generación manipulan e instrumentalizan para hacerse de poder sin rendir cuentas. 

¿Qué esperanza tiene el pueblo dominicano de dirigentes que actúan en política solo por ambición de llegar al gobierno para desde allí inclinarse reverentemente ante los amos del mundo? 

Periodico El País
Es increíble que un periódico conservador como El País de España y otras publicaciones influyentes en el mundo, condenaran de manera inequívoca el golpe de Estado en Bolivia, lo mismo que hicieron numerosos líderes mundiales y gobiernos -incluyendo dignatarios del Partido Demócrata de Estados Unidos- pero los candidatos presidenciales y sus partidos en República Dominicana guardan silencio cómplice contra esa ignominia. 

Prepararse para el futuro
El pueblo dominicano ha pagado un precio muy alto para alcanzar la libertad, el derecho al voto y subsistir a los embates de gobiernos, legisladores y jueces que no responden al interés colectivo. 

Ahora vamos hacia unas elecciones donde no hay diferencias programáticas, políticas y mucho menos ideológicas, por lo que el voto se conseguirá sobre la base de “ron, pica pollo, dinero y promesas de políticos” que son una maniobra perfecta para engañar y frustrar las aspiraciones legítimas de cambio y progreso. 

El hecho más interesante de la coyuntura es que las fuerzas se están polarizando entre el candidato del PLD-Gobierno y la unidad de los opositores (incluyendo al neo-opositor Leonel). 

Cualquiera que sea el vencedor dejará sin aliento al vencido y también un gran espacio para que hombres y mujeres decentes, sensibles, verdaderos demócratas, impulsen la causa justa de los pueblos y desafíen y venzan la ola conservadora que ahora hunde todo lo honrado. 

Tengo la certeza de que al próximo proceso electoral asistirán por última vez muchos gallos tuertos que tienen cansado a este país con sus engañifas y que en meses y días recientes han demostrado que ellos están por encima del interés nacional y si no se realiza su pesadilla, no les importa que se hunda la isla. 

El peso gravitacional del gobierno será determinante para anular liderazgos y coyundas. No lo invoco ni lo deseo, pero no lo ignoro como quienes sueñan con lo ideal, pero sin fuerzas para imponerlo. 

Con ese tipo de políticos, este país tiene que ajustar cuentas y dar paso a nuevos estilos donde lo colectivo prime sobre lo particular y grupal; donde la defensa de la soberanía sea tan sagrada como la solidaridad militante con todos los pueblos del mundo.

Por: Felipe Ciprián 

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