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Apuntes rápidos sobre el golpe de Estado en Bolivia



A los ojos de muchos a la distancia, las elecciones del 20 de octubre en Bolivia, en las que obtuvo mayoría suficiente para reelegiste el hoy ex Presidente Evo Morales (esto ni el “Informe” apresurado de una cloaca llamada OEA se atrevió a negarlo), las cosas no pasarían de unas fuertes protestas de la oposición. Hoy sabemos que se trató de un golpe ni siquiera tan “suave” como dice la teoría. Hoy sabemos que aquello de la derecha de que solo aceptaría los resultados electorales si Evo perdía y ellos ganaban era la crónica de un golpe en preparación. 

Pero de esa crónica se ha hablado y se hablará en detalle. Parece que ya hay algunas lecciones que estos hechos sacan en limpio; que para el MAS se trate de cosas ya sabidas y que simplemente no pudieron poner en práctica, no es lo que importa… Uno no deja de querer decir, no sin cierta rabia, algo como lo siguiente: 

1) Que no hay que soñar con preservar ningún poder sin fuerzas propias para responder en el plano físico (con todo lo que implica) las embestidas del enemigo. El gobierno de Evo Morales simplemente mostró que NO CONTABA CON FUERZAS DE CHOQUE PARA COMPETIR CON LAS HORDAS DE LA DERECHA. La derecha se impuso en las calles casi sin resistencia. Pero tampoco podría contar que la respuesta de los policías y los guardias. Pero éstos lo hubieran pensado dos veces si las calles hubieran estado igualmente llenas de partidarios del gobierno. Lo de fuerzas de choque en la calles pregúntenselo a los chavistas… 

2) Parece que el MAS y Evo se dedicaron a gobernar pero no a crear poder, ese poder que trasciende las halagüeñas votaciones que la mayoría de los bolivianos les dieron cada 5 años. Favor electoral es solo un factor de poder. Frágil, por cierto, si existe solo. 

3) Sectores de las siempre veleidosas clases medias urbanas, favorecidas por el gobierno junto a las clases más pobres (las condiciones de la economía en general, uno de los méritos indiscutibles del gobierno, lo permitieron), al parecer se convencieron de que con Evo su crecimiento económico perdía celeridad o se estancó. Por su naturaleza, las clases medias no se sienten muy bien como clases precisamente medias. De ñapa, ya estaba bueno de ver a un indígena gobernando y favoreciendo a indígenas, que después de todos son solo una chusma de bolivianos a media, si es que alcanza ese rango. El racismo afloró en este proceso sin ningún disimulo. 

Y ahí tenemos de nuevo un tipo de show macabro que la buena prensa del mundo se negará a llamar golpe de Estado. Uno de tantos que ya fueron y de tantos en carpeta. A las derechas latinoamericanas y a sus papás gringos este golpe –que siempre estuvo en agenda– les cae en buen momento, regionalmente hablando: Chile y Ecuador llaman demasiado la atención con sus calles tomadas por sus pueblos, mientras en Argentina se apresta a gobernar de nuevo el kirchnerismo. ¡Dejen ya de mirar para allá y ahora miren hacia acá, hacia un espectáculo en forma! 

Así más o menos hablarán de una Bolivia herida, de un proceso frustrado. ¿Para siempre? Sabemos nosotros y también los fascistas saben que su “belleza” también cansa, a menudo mucho, muchísimo más rápido que los 13 años y pico que duró el MAS en el gobierno. Por esto, ahora es lo más aconsejable a los miembros de este instrumento su preservación en medio de las tremendas limitaciones que se le impondrán –hay que esperar una cacería de brujas implacable–, un repliegue y rectificación en lo necesario, mientras dotan de una mística y de una propuesta que apunte con claridad a su retorno a dirigir al país sudamericano. Tal vez más pronto de lo que muchos imaginan. Nadie puede saber cuándo con exactitud, pero hasta es posible que en no mucho tiempo alguien empiece a gritar: ¡¡Evo de nuevo!! Y que el coro empiece …

Por: Luis Ulloa Morel. 

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