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La Capicúa Electoral



El instrumento idóneo para alcanzar la toma del poder político, lo sigue siendo las elecciones como método que permite escoger candidatos y candidatas a posiciones de elección popular. 

Pero, en un país como República Dominicana con poca credibilidad institucional y que las instituciones todavía no están por encima de los hombres y mujeres. Nos resulta un error político estratégico de la oposición política dominicana descuidarse de la actual Junta Central Electoral. 

Aún estando está obligada a distanciarse de la Junta anterior encabezada por Roberto Rosario Márquez y su matadero electoral del 2016. No nos dormiríamos en los laureles del presidente Danilo Medina, que cuenta con el respaldo de la administración del Estado, sus diferentes poderes y un presupuesto nacional a su libre albedrío. 

Más este siendo un presidente que intentara imponer su candidato a la presidencia, ya que se siente desafiado y herido por su anterior compañero de partido. Por eso, la lógica del caudillo tradicional dominicano es acorralar, torcer voluntades y aplastar los adversarios bajo el juego político que impone la vieja política dominicana. 

En fin, sí la oposición política no es capaz de exigirle al árbitro de las elecciones municipales, congresuales y presidenciales del 2020. La transparencia del evento electoral, el acceso equitativo a los medios de comunicación del Estado y meter preso a los compradores y vendedores de cédulas. 

No nos asombremos sí se presenta una coyuntura parecida a la de 1978; donde Balaguer no acepto el triunfo del PRD en ese momento y solo por la presión de los Estados Unidos tuvo que ceder. 

Lo que es peor, ¿Cuál pudiera ser la posición de un PLD dirigido por Danilo Medina y con protección de algunos segmentos del poder económico dominicano, ante una hipoteca victoria de un partido adverso en el 2020 y para rematar no existiera conciencia ni movilización ciudadana ante una situación de esta envergadura? 

Por: Manuel Dorville


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