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El Estado delincuente


En una conversación telefónica con su colega Henry Merán, el diputado Rubén Maldonado amenaza airadamente con quemar la Cámara de diputados si cancelan a miembros de su cuadrilla política.

El audio abrió una caja de grillos, y la intervención ilegal de teléfonos, que era una mera sospecha, ha sido confirmada por más de un funcionario público.

A raíz de este incidente, el diputado Manuel Díaz, epítome del troglodismo político en nuestro país, no solo confirma la intervención ilegal de teléfonos por hackers que, por dinero, realizan esta actividad, sino que admite, campechanamente y sin ruborizarse en lo más mínimo, que él mismo ha grabado conversaciones telefónicas sin previa autorización de un juez.

El lenguaje utilizado por el diputado Manuel Díaz es revelador de su desprecio olímpico por la ley y por la ética. Se refiere a la intervención ilegal de teléfonos usando el pronombre demostrativo ´´eso´´, que, en este caso, indica una actitud despectiva hacia el tema en cuestión y afirma bravuconamente y sin miedo a ser investigado que ´´eso es un negocio. Yo mismo lo he hecho. He mandado a intervenir teléfonos pagando.´´

Como si esta revelación no fuera lo suficientemente pasmosa y para revelar que él no está solo en esta práctica, el diputado de marras afirma también que ´´ todos los dirigentes políticos´´ practican la intervención ilegal de teléfonos.

En un país como el nuestro donde los legisladores violan tan deportivamente la ley no debería sorprender un hecho como el que aquí comentamos. Lo que sorprende, si es que todavía queda capacidad de asombro en este país, es la forma campechana y socarrona en que un legislador le dice al país y al mundo que él está incurriendo en una práctica ilegal.

Si el exministro de la policía Amarante Baret reveló que escuchaba de manera ilegal a miembros de la Marcha Verde, ¿ha de sorprendernos que un diputado confiese alegremente frente a un grupo de periodistas que él es un violador de la ley? ¿O que el ahora presidente de la Cámara de Diputados califique, con el más flagrante desprecio por la ley, de ´´esa vaina´´ su declaración jurada de bienes?

En este catálogo de violaciones a la ley debemos incluir la intervención del teléfono de la magistrada Miriam Germán Brito y la encerrona de la que fue víctima por el ahora Procurador General de la República mientras era examinada por El Consejo Nacional de la Magistratura.

¿Podemos verdaderamente llamar legisladores a quienes de manera tan pública violan las leyes que ellos mismos crean?

Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que no es éste un estado de derecho, sino un estado depredador y delincuente en el cual los que deben ser modelos de apego a la ley son sus principales violadores y donde el partido en el poder se ha convertido, en una especie de leviatán o monstruo gigantesco cuyos tentáculos alcanzan todas las instituciones del estado, las cuales, en su mayoría, carecen de independencia ya que son meras ejecutoras de las directrices de una presidencia imperial o de una cúpula política que controla todo en este país.

Una vez mientras conducía mi automóvil en donde escribo esta columna, mi natal Puerto Plata, le pregunté a un transeúnte si la calle a la que yo iba a entrar era de una o de doble vía. El hombre me miró de manera burlona por unos segundos y me preguntó:
¿Usted cree que está en Suiza?

En otras palabras: haga lo que a usted le dé la gana.
El diputado Manuel Díaz representa ese accionar anárquico tan prevalente en esta caricatura de país.

´´Ustedes no son de Suiza. Ustedes saben todo eso. No hagan tanta bulla´´, les dijo el diputado Manuel Díaz a los periodistas al referirse a la intervención ilegal de teléfonos.
Y al terminar de decir estas palabras, se volteó, hizo con su brazo derecho un gesto de desdén hacia la cámara de uno de los periodistas y sonriendo se alejó y continuó su camino.



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