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El Lilís del Siglo XXI


Más allá de su condición de dictador, Ulises Heureaux (Lilís) simboliza en nuestra historia, el gobernante que endeudó e hipotecó a la República Dominicana al extremo de comprometer su independencia y soberanía. 

En 1888, Lilís concerta un primer empréstito con la casa Westendorp de Amsterdam, Holanda, por la suma de 770,000 libras esterlinas, con interés anual de un 6%, a ser pagados en 30 años. En garantía las aduanas dominicanas son hipotecadas y la Westendorp queda facultada para nombrar agentes fiscales que retendrían el 30% de los ingresos. En 1893, la Westendorp vende sus acreencias con el Estado Dominicano a capitalistas norteamericanos que crearon para esos fines la compañía San Domingo Improvement. 

Lilís hace sucesivos préstamos en los años subsiguientes pues él utilizaba estos recursos para pagar la amortización e intereses de las deudas acumuladas, además para el pago de prebendas, compra de lealtades políticas y sostener una red de espionaje en todo el territorio nacional. Evidentemente, en esta carrera de endeudamiento siempre contó con la complicidad del Poder Legislativo, corrupto y sometido a su voluntad. 

Al momento del ajusticiamiento del dictador, en 1899, el gobierno dominicano debía en el exterior 24 millones de dólares y a los acreedores internos 10 millones en la misma moneda. 

Esta pesadísima deuda para la economía dominicana de la época, se proyectó en los gobiernos que se sucedieron. Así, el presidente Morales Languasco, bajo la presión de la Improvement y del gobierno norteamericano firma, en 1905, el decreto conocido como modus vivendi, por el que se autorizaba al presidente de los EEUU nombrar al receptor de las aduanas dominicanas facultado para solo entregar un 45% de lo recaudado al Gobierno dominicano y disponer del resto para el pago de los acreedores internos y externos. 

En 1907, el gobierno de Ramón Cáceres, firma con el de EEUU, la Convención Domínico-Americana. Esta vez, el gobierno dominicano no solo le ratifica la entrega de la administración y control de las aduanas al gobierno norteamericano, sino que además éste queda facultado para proteger al receptor de aduanas y sus auxiliares en caso de que el gobierno dominicano no estuviera en condiciones de hacerlo. 

Todos conocemos el final de esta historia. En 1916, bajo la excusa de proteger sus intereses en peligro por las luchas internas que se libraban en el país, se produjo la primera ocupación norteamericana, la que se mantuvo presencialmente hasta 1924. 

Con estos precedentes cualquiera supondría que la primera lección aprendida por todo gobernante dominicano son los riesgos que conlleva el endeudamiento público desenfrenado. De una u otra manera ha sido así, hasta la llegada del peledé al poder. 

La deuda del país, en el 2004 se estima en unos US$7,300 millones. Al término de los gobiernos de Leonel Fernández de 2004 a 2012, la deuda consolidada del Sector Público No Financiero (SPNF) ascendía a US$19,463 millones y la deuda cuasi fiscal era de US$6,679. 

Con la colocación el pasado Julio en el mercado financiero internacional de bonos soberanos equivalentes a US$1,300 millones, el gobierno de Danilo Medina llevó la deuda a US$41,471 millones, de los cuales US$9,342 millones corresponden a la deuda cuasi fiscal y el resto al SPNF. 

El monto de la deuda representa en este momentos el 52.9% del PIB, lo que constituye un verdadero récord. Pero la parranda de endeudamiento no se detiene. Ya conocemos que el presupuesto de 2019 se financiará, en parte, tomando prestado US$4,443.8 millones, que equivalen a RD$231,880 millones y representan el 5.37 del PIB. 

En los 6 años que lleva Medina en el Gobierno, el aumento de la deuda ha sido vertiginoso, superando todo precedente anterior. 

Por eso podemos decir que en materia de endeudamiento, Danilo Medina se consagra como el Lilís del Siglo XXI. 

Esta carrera irresponsable de endeudamiento no se hace para revitalizar el aparato productivo del país, generar fuentes de empleos y crear riqueza social, sino para pagar déficit fiscal y deudas acumuladas originadas en el despilfarro y corrupción de este Gobierno. Por esta razón es que los gobiernos del peledé prefieren el endeudamiento externo con la emisión de bonos soberanos que no imponen fiscalización y control del uso que se le dé al dinero. 

En el presupuesto General del Estado, la mayor partida corresponde al pago de las amortizaciones e intereses de la deuda. Así, en 2018, en servicio de la deuda, hay que pagar más de RD$301 mil millones de pesos, que equivalen al 36.9% de los ingresos corrientes de este año. En el presupuesto de 2019 se consigna, solo para amortización de la deuda pública, RD$156,355 millones. 

Igual que en el siglo XIX, el país está atrapado en un círculo vicioso: toma prestado para pagar deuda y en consecuencia, cada vez, nos endeudamos más. 

Ya somos una economía hipotecada, vulnerable y sometida al control de los organismos financieros internacionales que son quienes definen y deciden la política económica del Estado en función de preservar los intereses de nuestros acreedores. ¡Qué pesada carga les dejarán los gobiernos del PLD a las presentes y futuras generaciones!.

Por: Guillermo Moreno

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