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¿Clientes o ciudadanos?



Para los partidos políticos tradicionales somos clientes, no ciudadanos. El clientelismo político en República Dominicana, se ha convertido en norma. Impulsada por la clase gobernante. Carcome y quebranta el sistema democrático, enajenando los más altos estamentos del Estado. 

El clientelismo político es una actividad propia de políticos mediocres, no tienen un interés por la ciudadanía a quienes deben representar. 

Una sociedad como la nuestra dividida en grupos clientelares es una sociedad frágil, porque cada cual busca conseguir soluciones a sus problemas como clientes, dejando a un lado los problemas de todos. 

Ser ciudadano en una democracia no es circunscribirse a obedecer, sin cuestionar o exigir lo que por derecho nos corresponde. No. No somos súbditos. 

Los políticos tradicionales, los que ensucian la política con prácticas clientelares, aspiran al manejo del dinero público, para hacer lo que se les da la gana, costearse una vida ostentosa de lujos y riquezas. Se visten con el manto de la santidad y se elevan como seres a los que hay que alabar, o más bien, lamber por un “favor”. 

Ser ciudadanos exige un compromiso con la democracia 

Quienes nos gobiernan ignoran que quienes les conceden el poder somos nosotros, los ciudadanos y las ciudadanas. A nosotros deben dar explicaciones y rendir cuentas. Los ciudadanos de pleno derecho tienen la obligación de edificar una democracia real, más justa, participativa y auténtica. 

Resignarse con ser feudatarios es una negación a la democracia. Ser clientes hace que estemos pendientes únicamente de nuestros intereses, de nuestros beneficios. Ser ciudadanos exige un compromiso con la democracia y, por consiguiente, con las libertades y los derechos de todos los que integran la sociedad. 

Los políticos tradicionales no quieren una ciudadanía, buscan clientes porque les facilitan lograr sus objetivos perversos y no necesariamente sociales, sino alineados con la particularidad de su propio grupo. Nos ven como segmentos que hay que pastorear. 

“Votar es un derecho, pero también un deber”, dicen. “Vas a elegir a quienes por cuatro años te van a representar “, dicen. Y al siguiente día de sepultar nuestros votos en las urnas empieza la devolución de favores, y olvidan los supuestos compromisos contenidos en sus discursos adornados con una atractiva arquitectura verbal. 

¿Clientes o ciudadanos? Yo escojo estar dentro de la ciudadanía, de aquella que piensa, participa, decide, y exige por los derechos de todos y de todas.

Por: Paola Estévez





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