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Cesar Emilio Peralta: paradigma del nuevo antiheroe


Cesar Emilio Peralta simboliza, en gran medida, la degradación moral y patológica que permea a buena parte de la sociedad dominicana. Ese hombre, convertido ahora en el prófugo más buscado por los organismos de lucha contra el crimen organizado, representa las aspiraciones y el estilo de vida que anhela una buena parte de la juventud dominicana; una juventud que aspira a una vida hedonista y rodeada de lujos excesivos, que no conoce el valor del esfuerzo y del enfrentarse a las dificultades que eventualmente nos lanza la vida para formar nuestro carácter.

Cesar Emilio Peralta nos retrata como sociedad. Es la viva encarnación de los valores por los que se rige una sociedad que cada día se hunde más en la degradación, una sociedad que profesa mayormente lealtad hacia el dinero, hacia los acuerdos secretos que resultan en perjuicio de las grandes mayorías, hacia el ascenso personal a través de los amarres políticos, hacia el facilismo y el individualismo hacia el soborno y la violencia como instrumentos de triunfo.

En esa sociedad, donde todo es una mercancía, donde existe la creencia de que ´´todo el mundo tiene su precio´´, la gente es utilizada como objetos de compra y venta que se desechan una vez cumplen su función.

Cesar Emilio Peralta representa nuestra devoción hacia el consumismo, hacia el poseer en oposición al ser, es decir, a querer definir nuestra existencia en función de lo que poseemos y no de lo que somos, hacia el individualismo antisocial carente de empatía hacia los otros, hacia un materialismo excesivo que termina convirtiéndonos en esclavos de los objetos que poseemos.

En uno de sus videos, Cesar Emilio Peralta muestra con orgullo una variada colección de relojes de lujo, de copas para ingerir las bebidas exóticas y caras que ingería con delectación, de muebles valorados en altísimas sumas de dinero y de otras pertenencias con las que se entregaba a su vida sibarítica y de placeres excesivos. Pero, ¿acaso es su conducta esencialmente diferente a la del político que, surgiendo de abajo, de pronto se desplaza por las calles en un carro de lujo con chofer pagado por el pueblo, y que sin justificarlas claramente ostenta casas y torres de lujo valoradas en millones de dólares y otras pertenencias financiadas con los impuestos de ciudadanos que, día a día, dejan la vida gota a gota y jornada a jornada para financiar la vida molicie de políticos cuyo único trabajo es levantar la mano, ver las pantallas de sus celulares y conversar en sesiones de un congreso que es uno de los más caros de Latinoamérica?

Porque si algo caracteriza a nuestra clase política en su casi totalidad es su alejamiento total del estilo de vida de la gente común. La mayoría de la gente no tiene, como los políticos de nuestro país, la mayoría de sus gastos cubiertos por el estado, ni chofer privado, ni seguro médico internacional, ni carros de lujo, ni habla en conferencias de prensa, ni vive en torres de lujo, sino en barrios llenos de inmundicias y va a hospitales donde son tratados indignamente y con desprecio y porque no pueden comprar su salud.

Como una buena parte de la prensa en este país está también corrompida ningún comunicador le ha preguntado a uno de nuestros encumbrados políticos qué hace su trabajo intrínsecamente superior al de otros profesionales en nuestra sociedad. Legislar no es superior a enseñar en un aula de clase, ni a curar enfermos en un hospital, ni a ninguna otra profesión.

Cesar el abusador, ya lo hemos dicho, representa la valoración que en nuestra sociedad le hemos dado al antihéroe, tipificado no solo en el narcotraficante, sino en el político corrupto que hace acuerdos a espaldas de la gente que supuestamente debe representar. Cesar Emilio Peralta representa es producto de una sociedad patológica en la que la desviación social se ha convertido en la nueva norma de conducta. Si un virus no puede infectar a un cuerpo sano y con fuertes mecanismos de defensa, de la misma manera no puede surgir un Cesar el abusador en sociedades con una justicia independiente que no está, como en nuestro país, o maniatada o corrompida.

El posible que el apresamiento de Cesar el Abusador no sería motivo de gran preocupación para él. Estaría de acuerdo en ser extraditado a Estados Unidos donde las autoridades le reducirían la pena a cambio de información y donde sería enviado a una cárcel con biblioteca y otras comodidades en la que cumpliría una pena menor al cabo de la cual regresaría a su país con sus bienes intactos a disfrutar de una vida cómoda garantizada por toda la gente a quienes él sobornó.

Frente a un escenario como ese, ¿ha de sorprender que muchos jóvenes dominicanos tengan a Cesar el abusador, a Quirino y a otros antisociales como héroes a quienes ellos aspiran a emular?.

Por: Felipe Kemp


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