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Una Ciudad Para todos

El slogan ´´Puerto Plata, ciudad turística sugiere la existencia de una ciudad en la cual los mejores servicios, amenidades y recreaciones se implementan para complacer, a cambio de dinero, por supuesto, a los visitantes extranjeros, quienes representan una jugosa fuente de ingresos para los que controlan el negocio del turismo en esta ciudad. 

El calificativo de ´´Puerto Plata, ciudad turística´´ tiene la connotación de una ciudad no inclusiva, es decir, para todos, sino, por el contrario, una ciudad exclusiva con enclaves y zonas para el disfrute exclusivo de quienes puedan pagar por ellos con moneda extranjera.
Las grandes ciudades del mundo no tienen esa denominación. Nueva York no es ´´Nueva York, ciudad turística´´; es, simplemente, la ciudad de Nueva York, la gran metrópolis en la que los newyorkinos tienen acceso a los mismos lugares y placeres de la cultura a los que tienen acceso los visitantes de otros países. El mismo restaurante donde como un turista es el mismo restaurante donde come un newyorkino. 

A París no se le denomina ´´París, ciudad turística´´, sino llanamente la hermosa ciudad de París, cuyos bulevares, librerías, bibliotecas, parques y monumentos históricos son para el disfrute de todos.

En Puerto Plata se practica un turismo de manada: grupos de turistas conducidos por un guía a quien se le ha trazado previamente la ruta a donde debe llevarlos, lo cual implica que nuestras autoridades quieren ocultarle a esa gente la verdadera Puerto Plata: una ciudad cuya tónica general es el caos, el desorden, la anarquía y el hacinamiento: hacinamiento de vehículos que al despuntar del día empiezan a taponar las principales calles y avenidas de la ciudad; hacinamiento de motoconchos que pululan en casi todas las esquinas dificultando en ocasiones la libre circulación de peatones; hacinamiento de basura que se desparrama de los abarrotados contenedores colocados sobre aceras y de la cual brota la típica pestilencia que ya conocemos todos. 

Una ciudad cuya limpieza abarque no solamente el llamado casco histórico, sino que se extienda a casi todas las principales áreas; una ciudad con lugares de recreación donde las familias puedan ir a deshacerse de las tensiones ordinarias que se acumulan diariamente; una ciudad con un sistema de transporte público moderno y eficiente que desplace y haga desaparecer la abominación de los motoconchos; una ciudad que se convierta en eso que alguien llamó ´´la universidad extendida´´, es decir, una ciudad con bibliotecas, centros culturales, museos y salas de cine; una ciudad debidamente señalizada, con límites de velocidad en sus calles y con una policía de tráfico que patrulle constantemente las avenidas y calles de mayor circulación para eliminar a los antisociales que diariamente ponen en peligro sus vidas y las de otros al calibrar sus motores; una ciudad con menos ruido.

Esas, a grandes rasgos, son las características que comparten todas las grandes ciudades del mundo, independientemente de su tamaño. La grandeza de una ciudad se mide no tanto por su extensión geográfica, sino por su organización urbana. Excepto por una pequeña diferencia de unos pocos kilómetros cuadrados, la ciudad de París es casi del mismo tamaño que la ciudad de Santo Domingo. Pero lo que hace grande a París no es tanto su extensión geográfica, sino su planificada organización urbana. 

Puerto Plata tiene el potencial de convertirse en una gran ciudad; una ciudad amigable y no hostil al peatón como que tenemos ahora; una ciudad que invite, tanto a locales como a extranjeros, a querer explorarla a pie y no a contemplarla desde los cristales de una autobús. 

Para crear una ciudad así se necesita visión y mucha capacidad de trabajo, cualidades que no han demostrado tener las autoridades locales quienes, hasta ahora, sólo han dado muestras de improvisación, politiquería barata e ineptitud. 

Por: Felipe Kemp

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