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Un verano sostenible: menos turismo masivo y más naturaleza

Te vamos a ayudar a hacer unos planes más sostenibles y naturales, más baratos y al aire libre, menos masificados, con los pequeños de la casa. Aquí encontrarás desde calculadoras para no pasarte con tu huella ecológica en los viajes hasta ‘apps’ para identificar aves, plantas y árboles, y libros para realizar actividades sencillas y gratis al aire libre. ¡Buen verano! 

Una de las preguntas más frecuentes cuando nos encontramos conocidos en verano es: ¿y adónde os habéis ido de viaje?, como si viajar fuese una necesidad imperiosa del tiempo estival o vacacional. Evidentemente, viajar supone, o en algún tiempo ha supuesto, una apertura de mente por entrar en contacto con culturas diferentes a la nuestra, o simplemente un relax, regalarnos un tiempo descansado. Sin embargo, me cuesta cada vez más apreciar estas dos ventajas en los viajes. La primera porque la masificación del turismo ha supuesto que la mayoría de las ciudades se conviertan en parques temáticos donde campan las mismas franquicias y pisos turísticos de bajo coste; la única diferencia suele ser ya que en los imanes de los puestos de merchandising varía el elemento emblemático de la ciudad. Respecto a la segunda opción, cuesta cada vez más encontrar un reducto de paz precisamente por esa masificación. 

Todos queremos viajar, aprovechar nuestras vacaciones haciendo algo diferente, pero en esto, como en la mayoría de nuestros actos, sopesar cuánto y, sobre todo, el cómo es fundamental para reducir nuestra huella ecológica. 

Viajes menos contaminantes. 

La etiqueta #Istayontheground popularizada por la activista sueca Greta Thumberg que promueve el uso de transporte terrestre frente al avión, debido a la gran huella ecológica, está cada vez más presente en Europa. El mismo trayecto Madrid-Barcelona supone entre 60 y 80 kg de CO2 en avión frente a los entre 5 y 7 kg de CO2 del tren. Esta huella ecológica es fácilmente calculable con las calculadoras de emisiones como la ofrecida por www.ceroco2.org (una iniciativa de Ecodes premiada por los Climate Reality Awards) o webs como Ecorresponsabilidad o EcoPassenger. Renfe no ha querido quedarse atrás y desde abril en sus billetes Ave y Avant figuran los datos sobre huella de carbono y la comparativa de ahorro con otros medios de transporte. 

Sin embargo, nuestra huella ecológica, o la factura que pasamos al planeta en nuestros viajes, no solo viene determinada por nuestra elección de transporte. En lugares turísticos, la gentrificación ha desplazado a la población local hacia otros barrios, por el incremento de los precios de los alquileres de las viviendas, pues destinarlos a pisos turísticos supone mayor rentabilidad para el propietario; esto a su vez implica acabar con la comunidad, el entramado social de colaboración, los barrios, los vecinos y el comercio local en favor de innumerables franquicias. 

En el cálculo de la huella de carbón se tiene en cuenta la forma de desplazamiento, el gasto energético en los alojamientos y la producción de residuos. Un ejemplo estudiado por Tourism Management ha sido Barcelona, una ciudad que recibe más de 30 millones de visitas anuales; según el estudio, cada visitante a la ciudad condal produce una huella de carbono de 92,9 kg al día. 

Una contribución a la reducción de este impacto sería plantearse otro tipo de turismo y otro tipo de actividades que además nos reconciliasen con lo rural, con esa España vacía, o vaciada, que tan necesitada está de recursos para poder salir adelante y no agonizar. 

Si deseamos hacer turismo relacionado con la naturaleza es bien sencillo echarse a andar por un bosque o espacio natural cercano. Wikiloc ofrece información sobre más de 12.000 rutas al aire libre en las que gestionar nosotros mismos el trayecto. Algo más didáctico sería apuntarse a los paseos de verano del Ceneam, unos paseos donde el paisaje, la naturaleza, la historia y la cultura popular sirven de argumento para actividades al aire libre, gratuitas y dirigidas a todos los públicos. Por otro lado, la visita a uno de los parques nacionales de España nos garantiza un contacto con la naturaleza, por un paisaje no degradado por la mano del humano. 

Por otra parte, si además de ver, queremos tomar partido, si eres de las personas a las que les gusta empaparse bien de lo rural, lo tuyo es el agroturismo: una forma de turismo rural activo que te permite desde ordeñar una vaca o cabra hasta embarcarte en una jornada de pesca de bajura. Este tipo de turismo, además de ayudar a la conservación de las culturas y costumbres populares, favorece el desarrollo de programas de ayuda no solo de la población local sino de la recuperación de especies. Un ejemplo: A pocos kilómetros de Madrid (en la sierra de Guadarrama) pueden ordeñarse cabras; el rebaño municipal de Cabras Guadarrameñas es un proyecto de carácter agroecológico que viene persiguiendo la recuperación de esta raza autóctona caprina y del pastoreo. 

Hay propuestas incluso más sencillas, tan fáciles como salir a un espacio natural y contemplar, aprender a ver, a diferenciar, dejar de ver el reloj y regalarse esos momentos de aprendizaje, porque como dijo la bióloga marina Rachel Carson, “estés donde estés y sean cuales sean tus recursos, siempre puedes alzar la vista y contemplar la belleza del amanecer y del crepúsculo, las nubes desplazándose, las estrellas en la noche (…), reflexionar sobre el misterio de una semilla en crecimiento (…) plantada en una maceta en la ventana de la cocina”. 

Con los más pequeños, lo mismo: disfrutar de un río, de una carrera de barcos hechos con hojas o palitos, diferenciar insectos y… ¿qué tal si hacemos un bingo de los sonidos de la naturaleza y salimos a escuchar? Si sois de los que tenéis poca imaginación y no se os ocurren actividades para realizar en familia con los más pequeños, no os preocupéis, el Cuaderno de aventuras de Errata Naturae incluye propuestas como diferenciar tipos de nubes: estratos, cúmulos, nimbos… o calcar texturas con hojas. En una línea similar, mezclando el lado naturista con el artístico, Hola Natura , de Coco Books, propone actividades tan variadas como completar dibujos de insectos, poner en marcha un cultivo de helechos, completar fractales de copos de nieve, diferenciar tipos de algas, completar simetrías de árboles o seguir la evolución de una oruga en su paso por la crisálida hasta ser mariposa. 

Desde la parte tecnológica puedes servirte de aplicaciones en tus paseos que te ayuden a conocer tu entorno natural: Birds Check o las apps de SEO/BirdLife te permiten identificar aves y registrarlas, aunque no seas un experto ornitólogo. ArbolApp es una aplicación gratuita desarrollada por el Real Jardín Botánico de Madrid, apta para todos los públicos y que te ayudará a la identificación de los árboles que vayas encontrando. PlantNet te ayudará con la identificación de plantas silvestres. PeakVisor te dirá el nombre y la altura de las montañas que encuentres en tu camino. Para los más intrépidos, iTrack Wildlife ayuda a la identificación de huellas de animales, y, al llegar la noche en un entorno natural, fuera de la contaminación lumínica, abre MapaEstelar, apunta al cielo y localiza e identifica todos los astros visibles. 

El invierno es largo, el síndrome de déficit de Naturaleza, acuñado por Richard Louv en su libro Los últimos niños en el bosque (Capitan Swing), es cada vez más extenso. Los estudios realizados por el autor demuestran cómo el cambio acelerado de la sociedad en las últimas décadas, apartándonos cada vez más de la naturaleza, afecta al desarrollo de niños y niñas, pues altera su desarrollo motor, sensitivo, psicológico e intelectual. Las jornadas laborales interminables en la mayoría de los casos obligan a supeditar las actividades de los pequeños a nuestras obligaciones siempre bajo la tiranía del reloj; por ello, aprovechar las vacaciones para acercarnos a la naturaleza, reencontrarnos con ella y disfrutarla es una propuesta que solo acarrea beneficios. 

Por: Miriam Leirós

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