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Precisando el discurso y la acción política


Momentos antes de iniciar una entrevista televisiva, el periodista me expresó que en el país, la mayoría de los partidos y políticos no tiene doctrina ni propuestas políticas que les den identidad propia. Y concluyó diciendo: en su mayoría se trata de proyectos personales de ascenso social y lo que buscan es enriquecerse. Llegó incluso a decir, citando el famoso tango de Discépolo, que “igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches” todo se ha mezclado e igualado. 

Aunque el periodista dijo excluirme de ese conjunto, la verdad es que sus afirmaciones me hicieron preguntar si efectivamente están claros los principios, visión e ideas políticas que orientan el discurso y la acción política que, con cierta intensidad, desarrollamos. Sé que la política, ejercida, no en la academia o desde la teoría, sino desde la acción cotidiana, en el filo de la coyuntura en desarrollo, obliga a dar respuestas concretas a situaciones concretas, y no siempre son evidentes, a la compresión de todos, las convicciones que le sirven de sustento. 

He sentido pues, la necesidad de hacer estas reflexiones sobre algunas de las ideas y visión que orientan el discurso y acción política que impulsamos en Alianza País, proyecto político que presido desde hace 8 años. 

El punto de partida tiene que ser, necesariamente, una caracterización -muy general para no desviarnos del propósito de este escrito- de la actual sociedad dominicana que es la que buscamos reformar y transformar desde la acción política. 

En nuestro país, igual que los de la región, se desarrolló un capitalismo tardío y atrasado y medularmente dependiente. No hubo propiamente desarrollo de las fuerzas productivas, salvo determinadas áreas de interés a la expansión del capital extranjero o hecho bajo ocupación militar imperial. En el curso del siglo XX, hubo intentos, sin éxito, de fomentar una industria nacional así como políticas desarrollistas. 

Desde la década del 80 giramos hacia una economía de servicios bajo un definido predominio de políticas neoliberales. En los últimos 20 años, bajo el influjo de esas políticas neoliberales, se ha privatizado el acceso y disfrute de muchos derechos sociales fundamentales; ingresamos, en desfavorables condiciones, en esquemas de integración económica; crecimiento económico con progresivo endeudamiento público; concentración de la riqueza, escasa movilidad social y reproducción de la pobreza, la que se pretende paliar con políticas asistencialistas. El cuadro lo completa el predominio de la economía informal, destacándose el peso que tiene en la economía el narcotráfico y lavado de activos. 

En lo político, desde la fundación de la República, el Estado asumió formalmente la democracia representativa, expresada en una Constitución que lleva 39 modificaciones. Más allá de la ficción constitucional, la realidad es que en lo político han predominado las dictaduras, y cuando no, el presidencialismo se ha encargado de engullirse en los hechos la independencia y separación de poderes. En la actualidad, la democracia dominicana es apenas electoral, en la que las mayorías políticas que gobiernan se constituyen a través del clientelismo y del fraude electoral, ejercido principalmente por los que, en cada momento, detentan el poder. El Estado dominicano ha sido, con raras excepciones, una fuente permanente de acumulación y enriquecimiento ilícito de los que gobiernan, valiéndose del presupuesto y de los negocios, préstamos, y construcciones públicas. 

La constante histórica ha sido la impunidad, el irrespeto de la legalidad, empezando por los gobernantes, y el desconocimiento de las libertades y de derechos fundamentales a la ciudadanía. 

En lo social, el país se caracteriza por una desigualdad extrema. Unos pocos desarrollan sus vidas con los más altos estándares, frente a una mayoría que vive en la marginalidad y exclusión social, en la pobreza y extrema pobreza. Entre unos y otros, hay una franja de sectores medios que, por su esfuerzo y su talento individual, han logrado niveles aceptables de vida, aunque siempre bajo la amenaza de retroceso económico y social. 

La crisis permanente del modelo frente a la incapacidad de respuestas de los partidos tradicionales y de los sectores económicos y sociales que gobiernan, ha generado en las últimas décadas un profundo proceso de pérdida de la cohesión social, de inseguridad pública, de desarraigo y de migración del campo dominicano hacia la ciudad, y de los citadinos hacia el exterior. Para completar hay que agregar el acelerado e intenso proceso migratorio que se produce desde Haití, por una frontera controlada por mafias de ambos países, que agrava el cuadro económico y social dominicano. 

Tenemos el convencimiento de la necesidad que, desde la política y con una definida determinación de hacer las reformas y transformaciones necesarias, coherenciado en una propuesta de país, se enfrenten, desde sus raíces, los males y atrasos históricos que padecemos. Sobre las ideas, visión y acciones que deben servir de sostén a esos propósitos es que versará la próxima entrega. 

Por: GuillermoMoreno 


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