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La oposición que necesitamos


El giro operado en el escenario político luego del discurso de Danilo Medina del pasado lunes 22 me obliga a dejar para después la continuación del artículo publicado en la entrega anterior de esta columna. 

Lo más importante de la nueva situación política es que el proyecto reeleccionista de Danilo Medina fue derrotado. 

Nadie se debe confundir. Danilo tenía la intención de modificar la Constitución para continuar en el poder, y si no lo hizo es porque le resultó imposible. Danilo Medina y su facción, de forma irresponsable, mantuvieron al país por años, en la mayor de las incertidumbres cuando lo único que le correspondía era acatar la disposición de la Constitución que le prohíbe de modo expreso reelegirse para un tercer mandato. 

El mérito de esta derrota pertenece a la ciudadanía dominicana que de forma mayoritaria y permanente expresó su rechazo a la modificación de la Constitución. Fue esa amplia oposición ciudadana la que creó el clima de presión para que legisladores sin escrúpulo y sin moral no se atrevieran a vender su voto, impidiendo así que Danilo Medina reuniera la cantidad de congresistas necesarios para hacer la modificación de la Constitución. 

Si bien Danilo Medina está derrotado en la empresa reeleccionista, no así en la búsqueda de su rehabilitación política de cara al 2024. Lo más importante, en las nuevas circunstancias es que Danilo Medina se valdrá de su indiscutida mayoría en los órganos de dirección del peledé para aplastar lo que denominó la minoría que auspició una campaña de desinformación y descrédito, minoría esta que desarrolló una agresividad verbal que Danilo, en su discurso calificó de “despiadada, irrespetuosa y desconsiderada”. 

Estas expresiones de Danilo Medina van dirigidas a Leonel Fernández y su facción. Al pronunciarlas, Danilo Medina lo que está anunciando es que apoyará un candidato propio para derrotar a Leonel Fernández, lo que significa que la crisis actual del peledé se profundizará. 

Es claro que este nuevo escenario que se presenta en el partido oficial abre una real oportunidad para salir del peledé, de Danilo Medina y de Leonel Fernández. 

Y eso depende, no solo de lo que pase en el peledé, sino y principalmente del tipo de oposición política que hagamos en la coyuntura en desarrollo. 

En la llamada oposición hay mucha simulación. Varios partidos que se opusieron a la reelección mantienen sus expectativas con la facción de Leonel Fernández. Otros tienen puentes tendidos con la facción de Danilo Medina, tal y como se evidenció con el apoyo manifestado por el partido reformista y la facción de Hipólito Mejía para modificar la Constitución y rehabilitar a Danilo, dejando al descubierto la larga mano del gobierno. 

La oposición que necesitamos en el país es aquella que está determinada a sacar al peledé del poder, sin alianzas con ninguna de sus facciones, y que represente una definida ruptura con el modelo corrupto, empobrecedor, incapaz y de privilegios que representan los gobiernos del peledé. Tiene pues que estar bien definido que nuestro propósito no es solo sacar al peledé del poder, sino desmontar su modelo político y de gobierno. 

La coyuntura demanda, pues, de una oposición que levante un programa político electoral de compromisos expresos que no deje dudas de que ganado el gobierno no será más de lo mismo ni habrá borrón y cuenta nueva; que se impulsarán las necesarias reformas políticas, sociales y económicas, se institucionalizará el país y se establecerá el imperio de la Ley; que se le pondrá fin al secuestro peledeista del poder judicial para acabar con la impunidad, investigar y castigar a los corruptos y recuperar lo que se han robado en todos estos años; que se enfrentará la inseguridad ciudadana y la violencia generalizada que padecemos; impulsará un modelo de desarrollo productivo que garantice la soberanía alimentaria, supere los altos índices de desempleo, los salarios de hambre, el irresponsable endeudamiento público de los gobiernos del peledé; que garantice educación de calidad, salud y seguridad social para todos; que se le pondrá término al actual desorden migratorio; que se inaugurará una nueva municipalidad que garantice los derechos de todos; que haga suya la preservación integral del medio ambiente, de nuestros ríos, montañas y cordilleras, entre muchas otras transformaciones, reformas y políticas públicas. 

Pero esa oposición no tendrá capacidad para convocar a la ciudadanía si a su cabeza no hay un definido liderazgo con autoridad moral y política, compromiso social, convicciones democráticas, y amor patrio, que inspire la necesaria confianza y haga creíble el cambio político. 

La oposición que necesitamos tiene que ser definidamente alternativa al peledé, no solo por su discurso sino además porque haga una nueva política y se distancie de las prácticas clientelares y politiqueras de la vieja política tradicional. 

Es pues el momento de una oposición política que asuma el cambio democrático, que sea ciudadana, popular y alternativa. Con una oposición así, no tenemos límites. Estamos dispuestos a irnos hasta el fondo del mar, si fuera necesario. 

Por: Guillermo Moreno

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