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¿Es ético que un medio contrate solo a periodistas que defienden una misma línea editorial?



Respuesta de Mónica González 

El director de un medio es libre de contratar a quien quiera para ejercer la función periodística bajo su mando, incluyendo el que su filtro de selección pase por las opciones políticas (siempre que no sea medio público). Los dueños -y el director que los representa- disponen de la sección opinión para desarrollar la línea editorial económica y política que los identifica. 

Lo que el director no puede es obligar al periodista a distorsionar, ocultar o inventar información en beneficio de la línea política o el caudillo con el que se alinea o de la empresa que le paga publicidad. Y ello se hace cada día en distintos países debido a la crisis de los medios de comunicación que mantiene viva la amenaza de la cesantía. La independencia y viabilidad del buen periodismo pasa por la separación entre financistas de los medios y su línea editorial. Por la no interferencia del dinero en lo que los medios informan o callan. Por eso es tan importante insistir en elevar la transparencia de los medios respecto de sus vías de financiamiento y el debido control y fiscalización por parte del Estado y la sociedad civil. 

Respuesta de Álex Grijelmo 

El director de un periódico puede contratar a quien desee, y establecer la línea editorial del diario para los textos de opinión. Lo que no puede hacer es manipular las informaciones ni sesgarlas si no responden a sus ideas preconcebidas. Eso no puede hacerlo el director, pero tampoco el periodista. La única ideología de un periodista de información consiste en contar hechos relevantes de forma completa, con el contexto adecuado y sin omisiones que puedan alterar su sentido. 

Respuesta de Javier Darío Restrepo 

Si entendemos por ética esa actitud que nos impulsa hacia la excelencia personal y profesional, lo ético en periodismo es todo lo que permita la excelencia profesional, que está ligada al mejor servicio para las audiencias. 

Este principio, aplicado al caso propuesto, nos hace concluir que la idea de un periódico con línea política contradice el ideal de un periódico al servicio de todos, sean del partido, creencia, nacionalidad o etnia que sea. El periódico y el periodista deben prestar un servicio universal. 

Este hecho es consecuencia de la naturaleza del servicio que se presta, que es el de la información. 

La información del hecho diario es un bien público que nadie puede apropiarse porque su dueño es toda la sociedad, y debe manejarse como se manejan los bienes públicos, sin las restricciones que imponen los propietarios particulares. 

Al ejecutar el derecho a la información, el periodista pone la información de los hechos al servicio de todos y propicia, de esta manera, que la información sea la materia prima de la libertad. 

Deja de cumplir esa tarea cuando, en vez de información, ofrece propaganda. Y la información puesta al servicio de un grupo, un partido o gobierno, inevitablemente degenera en propaganda. 

Un periodista que va a parar a un periódico con línea partidista, puede enfrentar esa limitación con la calidad de su trabajo y, sobre todo, con la fuerza de su identidad profesional. 

Es previsible, con todo, que en un medio así, un periodista de estas calidades llegue a ser una piedra en el zapato. En este caso el dilema es claro: o renuncia a sus convicciones para mantener su puesto de trabajo, o lo pone en riesgo para mantener su identidad profesional y defenderle a la sociedad el derecho a una información universal y libre. 

Fuente Externa



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