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El principio del fin del danilismo

La intención de Danilo Medina de reformar la constitución para ocupar una vez más la presidencia de la república ha generado una reacción adversa entre los miembros de su partido alineados en el bando de Leonel Fernández, quien esta vez, al encontrarse fuera del poder, invoca un respeto por la constitución de la república para que su contrincante, Danilo Medina, no se salga con la suya.

Al principio la disputa por el poder era un pleito entre miembros de la familia peledeista divididos en dos tribus cuyo violento enfrentamiento ha degenerado, entre otros males, una bochornosa militarización del Congreso Nacional. 

Pero todo indica que a Danilo Medina se le va trancando cada vez más el juego, que las aguas le van llegando cada vez más hasta el cuello, y que ya el asunto ha dejado de ser ser una riña entre dos tendencias acérrimas en su propio partido. 

Primero, porque su tozuda intención de reformar la constitución ha ido integrando a distintos sectores de la población que han formado una masa crítica que rechaza abiertamente las intenciones continuistas de Danilo Medina. Atrapado en su propio laberinto, Danilo no habla, ni reacciona, pero a él, que dice tener los oídos puestos en el pueblo, le resultará muy difícil no escuchar ese clamor popular que está harto ya de que la constitución se manosee para satisfacer la insaciable sed de poder que históricamente han demostrado tener nuestros gobernantes.

Es frecuente que Danilo y su camarilla de colaboradores cercanos afirmen con frecuencia que el pueblo es soberano. Si es verdad que creen eso, o sufren de una extraordinaria ceguera o de una obcecación patológica al no querer aceptar el rechazo cada vez más creciente de un pueblo que esta vez reclama su legítimo derecho de sacar de la presidencia a un gobernante que quiere perpetuarse por medios ilegítimos en el poder.

La protesta popular no hubiera sido suficiente para detener las intenciones continuistas de 
Danilo Medina y su camarilla. Pero, como era de esperarse, los norteamericanos han entrado en acción para acabar de dañarle el pastel a Danilo y se ha hecho pública la llamada que el secretario de relaciones exteriores de Estados Unidos, Michael R. Pompeo, le hizo a Danilo para discutir la odiada intención de reformar la constitución.

Como los mensajes del lenguaje diplomático hay que leerlos a veces entre líneas, se ha revelado que el Secretario de Estado norteamericano exhortó a Danilo y a los otros partidos que compiten en la arena política de nuestro país a que ´´preserven las instituciones democráticas y respeten el estado de derecho´´. Pero todo observador avezado sabe que detrás de esa exhortación aparentemente suave hay una clara advertencia a Danilo y a sus secuaces de que Estados Unidos no los apoyará en sus proyectos continuistas.

Resulta difícil creer que después de la advertencia del Secretario de Estado norteamericano, Danilo Medina se atreva a cruzar la línea que le han trazado los norteamericanos. Además de ser intervencionista, la amonestación del Secretario de Estado norteamericano al presidente de la república revela, por un lado, nuestra falta de soberanía frente a Estados Unidos y, por otro, nuestra incapacidad para resolver asuntos domésticos en los que no tendrían que intervenir fuerzas foráneas. 

Danilo Medina ha agotado la paciencia de este país. A las tribulaciones causadas en la población por la inseguridad ciudadana, por el aumento del crimen organizado, por los bajos salarios, se viene a unir la ansiedad causada por el mutismo y la indiferencia de un presidente que con su silencio en medio de la presente crisis no acaba de fijar su posición, ni de dar la cara, ni de dirigirse a ese país al que tiene la responsabilidad de rendir cuentas. 

Uno se imagina a Danilo agazapado como una fiera acorralada que espera dar un último zarpazo mortal, negándose a aceptar que ya se le han acabado las cartas que tenía escondidas debajo de las mangas, en una negación total de la realidad del presente momento histórico, negándose a aceptar el rechazo masivo que le está enviando cada vez más un pueblo que ha alcanzado el límite del hartazgo al ver tanta corrupción y tanta deficiencia institucional.

El país sigue a la expectativa. Las tensiones aumentan. Y desde su trinchera Danilo espera. Estoy seguro de que todavía alberga en su interior la esperanza de repostularse. Mientras tanto sigue enfrascado en su silencio. Un silencio mucho más elocuente que sus palabras y revelador de intenciones nada transparentes. 

Algunos analistas han afirmado que aun cuando pueda conseguir, a través del soborno, los votos necesarios para reformar la constitución, Danilo se dirigirá al país para decir que no optará por otro período. Con esa jugada intentaría limpiar su imagen y evitar un posible enjuiciamiento. Seguimos sosteniendo, sin embargo, que no existe en el país ni la estructura ni la voluntad legal para un juicio político a Danilo.

Aun así creemos que la repulsa popular a una posible modificación de la constitución unida al rechazo norteamericano sugieren que ha empezado el principio del fin de la dinastía damilista.

Por: Felipe Kemp

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