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Cuba y el Presidente Heureaux


“He aquí lo que faltaba a América hasta ahora, el pensamiento a caballo”, con esta frase saludó a Martí, cuando entraba en la capital dominicana, el escritor, político y diplomático, Manuel de Jesús Galván. En efecto, el Apostol cubano era el pensamiento que congregaba a la lucha “definitiva” por la liberación de Cuba.

Y, en sus trabajos de coordinación, visitó en tres ocasiones al país, coordinando junto al Generalísimo Máximo Gómez los trabajos independentistas. Incluso, desde aquí partió a la manigua cubana y aquí escribió algunas de sus más importantes páginas, como el Manifiesto de Monte Cristi, firmado junto a Gómez, que es el testamento político de Martí y el Acta de Independencia cubana, entre otros. 

En el país gobernaba un titán de bronce, héroe restaurador y, para la época, astuto y “mano dura” amo y señor del país: El general Ulises Heureaux, mejor conocido como: Lilís. 

Los revolucionarios cubanos y dominicanos, encabezados por Martí y Gómez, realizaban sus labores con el mayor sigilo posible, pues querían liberar a la isla más grande de las Antillas del vasallaje colonial español, mientras España tenía formales relaciones con República Dominicana y exigía colaboración del gobierno para frenar las actividades del grupo revolucionario. 

El delegado político (Martí) y el general en Jefe (Gómez) y sus compañeros, por suerte para la causa cubana, contaban con el apoyo entusiasta del gobernante dominicano. Famosa es su frase: España es mi esposa, Cuba mi querida. Debido a las relaciones formales que mantenía el país con la Metrópoli, y la ayuda decidida y sigilosa que brindaba a los cubanos. 

Lilís, además de protección y libertad para que los revolucionarios pudieran realizar sus labores, ya había prestado importantes aportes a la causa cubana, permitió que un contrabando de guerra llegara a la isla, mostrándose siempre gustoso y “decidido amigo de la causa de Cuba” (Martí en Santo Domingo, pag- 124, nota núm. 56). 

En aquel momento decisivo para la causa cubana se necesitaba dinero para conseguir armas y municiones, y lo requerían de urgencia. Se produce entonces una reunión en la capital dominicana entre el general cubano Mayía Rodríguez, Jaime R. Vidal y don Federico Henríquez y Carvajal. Jaime Vidal propone hablar con “el general (quien) podría abrirnos su bolsa i ayudarnos a salir airosos del empeño”. Hubo sorpresa y silencio, además entre el general Heureaux y Don Federico existía una radical distancia, pero este acepto la idea, con estas palabras: Todo sea por Cuba. 

La misma noche fueron donde el presidente de la República, cerca de las once de la noche. Le explican y piden recursos al general. Lilís accede. Al día siguiente escribe esta orden al gobernador de Monte Cristi, enviándola con Mayía Rodríguez: “Mi estimado Guelito: La presente tiene por objeto suplicarte, bajo la confianza del caballero, le entregues al portador, sin dilación alguna, la cantidad de Dos mil pesos oro (…)”. 

Aquella noche memorable le dijo el general a los revolucionarios: “Lo que ha hecho por ustedes Ulises Heureaux, no debe saberlo el Presidente de la República”.

Por: Néstor Arroyo


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