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Leonel y Danilo: la señal esperada



En los años 90 del siglo pasado Leonel Fernández fue “sangre nueva”. Su marca era la del líder imprevisto dispuesto a romper el pasado para transitar un nuevo camino. Una transición política de progreso y de estreno de un Estado moderno. 

El joven carismático montaba bicicleta y jugaba un 21 en el aro de cualquier esquina, recorría barrios a pie y dominaba las entrevistas de los medios de comunicación con un estilo intelectual, apelaba al progreso y a un mundo globalizado. 

Leonel fue un maestro del “storytelling”. Aprovechaba las emociones de un electorado virgen frente a las nuevas y mejoradas técnicas de la comunicación política. 

Era el héroe de la superación personal que iba desde Villa Juana a Nueva York, el boxeador pobre de un barrio que nadie conocía pero que entrenaba para vencer al campeón. Era el Rocky Balboa de Apollo Creed, eso dijo en el cierre de su campaña en San Pedro de Macorís en 1996. 

Han pasado 23 largos años desde su primer gobierno; Leonel ya no brilla, no emociona, difícilmente juegue un 21 sin ponerse malo. 

Es poco lo que queda de él, dejó de ser un sayayin nivel 5, ahora es simplemente un expresidente mordido por la hybris, con esas ganas incontrolables de poder, ese apego a las recepciones y los viajes oficiales, a las escoltas, a los telediscursos, a las cumbres presidenciales, al jefismo. 

Leonel luce canuco, arrugado, en sobre peso. Le gusta ir a los karaokes exclusivos de la élite morada a cantar canciones tristes. Leonel anda deprimido y nostálgico. Le hace falta el trono, pobrecito, realmente se merece un !4to mandato! después de haber envejeció en el poder. 

Antes el PLD vendía sueños, hoy nadie le cree. El PLD no es más que una herramienta de poder político y económico, una maquinaria, un aparato burocrático con la función de los poderes públicos. 

El PLD es el Estado y, por tanto, quien se quede con la candidatura presidencial del partido tiene garantizado el poder político en su totalidad. 

Al mismo tiempo el PLD hace la función de agencia de empleo y garante de privilegios para los hijos, amigos y canchanchanes de los miembros del comité político y central. Su espejo es el PRI mexicano, con sus secuelas de narcoEstado, guerra entre carteles, asesinatos y crimen generalizado. 

La lucha entre leonelistas y danilistas es el síntoma de una forma salvaje de concebir el poder. Al final prevalecerá la complicidad mafiosa entre ambas facciones que pasarán por enésima vez a negociar el botín del Estado. 

De Danilo es muy poco lo que se puede decir. No tiene que encantar ni agradar ni rendir cuentas. Para eso tiene sus cortesanos y una sociedad civil a sus pies. Privilegio del caudillo de una república bananera. 

Lo más inquietante para la sociedad dominicana es que el PLD ha acumulado tanto poder que ya no tiene la necesidad de vender un relato, como antes el “progreso” o “corregir lo que está mal”, ahora todo es continuar en el poder sin importar el costo. 

De allí que con la versión 2.0 de Bolos y Coludos el PLD nada tiene para el país que no sea más de lo mismo. 

La gravedad de la situación consiste en que habrá más y peor PLD hasta que no contemos con una alternativa política real dispuesta a jugarse el todo por el todo y a decirle a la gente: 

No estamos solos, aquí tenemos una organización para defenderte y cuidarte, que tiene una estrategia ganadora, que te va a proteger en cualquier circunstancia y que tiene la decisión de hacer todo lo que haya que hacer para sacar al PLD del poder. 

Esa es la señal que mucha gente espera.

Por: Fernando Gil


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