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Generaciones perdidas


Los niños que tenían 10 años en el 1996, al volver Leonel Fernández al poder en el 2004, cumplieron 18 años. Hoy son jóvenes de 33 años. Los que nacieron en el 1996, hoy tienen 23 años y los que lo hicieron en el 2004, este año, están cumpliendo 15. 

La sociedad dominicana vive uno de los periodos de mayor inseguridad por delitos y crímenes comunes y en muchos casos nos encontramos con jóvenes pertenecientes a estos tres grupos etarios formados en los gobiernos del peledé. 

Cuando se discute el tema, unos identifican la causa del auge de la delincuencia en la falta de reales oportunidades, a lo que otros responden que en los mismos lugares en que unos delinquen, otros van a la escuela, aprenden oficios y se hacen profesionales y hombres y mujeres de bien. 

La verdad es que ambas opiniones tienen parte de la verdad pero es un problema complejo que no puede ignorar, como causa profunda, el modelo de sociedad instaurado por los gobiernos del peledé y los patrones de conducta que se han hecho dominantes. 

Lo primero es que el peledé, desde su ascenso al poder, implantó políticas neoliberales y propició un modelo económico afincado en los servicios, abandonando el campo dominicano y la agropecuaria; también la producción industrial y artesanal tradicional. 

La consecuencia inmediata del cambio de modelo fue una explosión migratoria a las principales ciudades; la formación de centenares de barrios marginados de pobladores desarraigados, sin acceso a servicios básicos, viviendo en zonas de riesgo y en extrema pobreza. Muchos han sido asimilados por nuevos estilos de vida, sobre todo las generaciones jóvenes, orientadas al consumismo, la búsqueda de dinero fácil y rápido, el hedonismo, el individualismo, entre otros. 

El modelo neoliberal combinó crecimiento económico sin distribución equitativa de los ingresos, dando lugar a mayor concentración de la riqueza, predominio de la economía informal, los empleos precarios, los salarios de hambre y el desempleo. La otra consecuencia del modelo neoliberal fue la privatización de muchos servicios públicos y la consagración de una sociedad cada vez más elitista y de privilegios. 

En los gobiernos del peledé, con la complicidad de sectores oficiales, el narcotráfico y el lavado de activos, se convirtieron en fuente de acumulación y enriquecimiento rápido. Pasamos de país de tránsito a país de alto consumo de droga y la proliferación del microtráfico convertido en fuente de empleo en muchos barrios y comunidades. 

En los gobiernos del peledé, como nunca antes, proliferan los juegos de azar, auspiciados por importantes dirigentes de la cúpula peledeista, propietarios de cadenas de bancas y loterías. 

La acción de los partidos tradicionales ha convertido el ejercicio de la política, de una actividad de conciencia y compromiso social, a una de las vías rápidas de enriquecimiento. Estos partidos, para reproducirse en el poder fomentan en la población pobre y muy pobre el clientelismo, corrompiendo su dignidad y haciéndoles adictos a la dádiva a cambio de lealtad política. 

En los gobiernos del peledé la democracia es una caricatura. Han hecho de la Constitución un papel desechable. Hay un irrespeto generalizado de la ley. Las instituciones están secuestradas y puestas al servicio de los intereses del partido oficial. La justicia y el ministerio público le garantizan impunidad a la cúpula peledeista. 

En los gobiernos del peledé la familia, célula esencial de la sociedad, enfrenta un momento crítico. Unas son disfuncionales con hijos abandonados a su propia suerte. Otra parte encabezadas por madres solteras. Además predominan las relaciones sexuales a edad temprana derivándose embarazos en adolescente, niñas pariendo niñas. Es una verdadera plaga la violencia y discriminación contra la mujer y los feminicidios. 

Es decir: el mal de fondo que carcome nuestra sociedad es que los gobiernos del peledé han impuesto como pautas sociales dominantes el enriquecimiento rápido y por esa vía tener acceso a los bienes y placeres con que seduce la publicidad consumista. Nos referimos en concreto al narcotráfico, la corrupción, los juegos de azar y la delincuencia. 

Resulta entonces lógico que una sociedad dominada por este amasijo de inconductas, propiciadas desde el poder político mismo, engendre un clima de inseguridad y de violencia creciente como el que vivimos. 

En el contexto social dominicano, en donde predomina un sistema generalizado de injusticias, privilegios y de antivalores es natural que se haya desprestigiado la escuela, la educación y el desarrollo del talento propio como las vías legítimas de progreso y ascenso social; que muchos no asuman el trabajo como el camino para la búsqueda de bienestar y progreso y, que cada vez, sean menos las familias que forjen hijos responsables y ciudadanos comprometidos con su país. 

Los gobiernos del peledé han lanzado a la sociedad dominicana a la hoguera y en ella se vienen consumiendo varias generaciones. Para salir del abismo en que nos encontramos se va a requerir de un liderazgo en capacidad y actitud de enfrentar y cortar de raíz las causas de los males que padecemos. Todo lo otro es pura demagogia y politiquería.

Por: Guillermo Moreno

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