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El azote de las plagas


Los dominicanos hemos sido víctima a través de nuestra historia de plagas que han devastado física y moralmente nuestro país. 

Primero tuvimos el azote de unos conquistadores brutales y sedientos de oro que subyugaron a nuestros aborígenes hasta extinguirlos en su totalidad. 

Después, con el discurrir del tiempo, tuvimos a un dinosaurio, Trujillo, que violó, asesino y derramó sangre a su antojo durante treinta y un años. Su espíritu autoritario y dictatorial continuó en su admirador y discípulo, Joaquín Balaguer, verdadero maestro en el arte de la artimaña y el engaño, quien, una vez decapitada la tiranía, presidió un período de terrorismo político que diezmó lo mejor de la juventud revolucionaria dominicana. 

El único respiro verdaderamente democrático que tuvimos, el del breve período de Juan Bosch, un hombre con una verdadera visión de estado, fue abortado por militares trogloditas y cavernarios. 

Los discípulos de Bosch, poseídos por la misma fiebre de riqueza que una vez tuvieron los españoles, han transformado el estado en una maquinaria casi tiránica y depredadora, que ha infectado con el virus de la corrupción a casi todas las instituciones del estado. 

Para contribuir aún más a nuestras tribulaciones, las agencias noticiosas nos informan que una ola de calor, combinada con apagones, arropará el país en los próximos días. 

Los ´´honorables´´ salvaguardados en sus jeepetas con aire acondicionado, contemplarán a la gente de las calles calcinarse bajo el brutal sol caribeño para luego irse a un buen restaurante, o a una de sus torres, o a una de sus haciendas veraniegas a disertar, ¿quién sabe? sobre la pobreza. El resto de nosotros tendremos que paliar la ola de calor y apagones con velitas, latitas de agua, y abanicos de cartón. Eso es justicia. 

Por: Felipe Kemp



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