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Danilo Medina o la solitaria del poder


Aunque en política nadie tiene una bola de cristal y es difícil predecir lo que sucederá, la intuición le permite a uno especular a veces sobre el posible desarrollo de los acontecimientos. Tomando esto como premisa, buena parte de la sociedad dominicana parece rechazar de plano la reelección, ese mal que tanto daño le ha hecho a la sociedad dominicana. Y Danilo Medina, que como muchos otros presidentes dominicanos solo concibe su vida dentro del poder, no entiende que su momento ya pasó, que debe entregar las riendas del `estado a otro. 

El cerco parece cerrársele cada vez más a Danilo . Algunos de sus ministros más encumbrados, y una buena parte de la sociedad dominicana, han expresado su flagrante rechazo a la reelección y su partido está dividido en dos tribus cuyo fiero combate mantiene al país en un estado de zozobra. Atrapado en su propio laberinto, agazapado como un gato acorralado, Danilo espera. Es típico de su carácter. No da conferencias de prensa, ni habla al país porque se cree su monarca predestinado y porque cree que no tiene que rendir cuentas a nadie, excepto a esos sectores que lo mantienen en el poder. En contraste con un López Obrador, que da una conferencia de presa frecuentemente, que entiende que tiene que rendirles cuenta a los miles mexicanos que le dieron su trabajo, Danilo teme al debate y a las preguntas incómodas y eso explica que hable a través de una red de ventrílocuos en los medios de comunicación. 

En su fuero interno, y alimentado por las lisonjas de algunos de sus ministros, leales no a principios éticos, sino a los beneficios del poder, Danilo cree que ha inventado el progreso. Por eso se aferra tozudamente a un poder que tratará de mantener a toda costa y utilizando todos los medios a su disposición. 

En nuestra cultura presidencial, Danilo es el más reciente ejemplo de esa larga lista de hombres que se han aferrado demencialmente al poder produciendo como resultado ese estancamiento y esa falta de un verdadero progreso en nuestra pateada república. El continuismo es como un prurito, como una solitaria que hace que un hombre se crea indispensable y que sin él el país se hundirá en el desastre. 

A pesar del impedimento constitucional que lo frena, Danilo utilizará todas las argucias para mantenerse en la presidencia. No creo, como lo han expresado otros observadores de la realidad dominicana, que Danilo se aferre al poder porque tema un posible juicio político si sale de la presidencia. Ese temor tendría fundamento si tuviéramos jueces independientes y ese, como todos sabemos, no es el caso en esta caricatura de país. Danilo se aferra al poder porque no concibe su existencia fuera de él, porque representa, en nuestra cultura presidencialista y no parlamentaria, esa creencia que ha tenido casi cada presidente que ha producido este país de verse como el predestinado para dirigir los destinos de la nación. 

Varios factores le favorecen: una astronómica disponibilidad de recursos económicos, con los cuales ha creado una maquinaria propagandística que le permite gastar miles de millones de pesos diarios en publicidad; una población poco crítica que tiende a votar por hombres y no programas de gobierno; y una oposición fragmentada que no ataca los puntos débiles del partido en el poder.

Danilo recuerda esa época nefasta y oscura del balaguerismo neotrujillista cuando Balaguer mantenía en la incertidumbre al país respecto a una posible repostulación suya. Al final, emergía de su silencio y su mutismo para decir que se sacrificaba por la patria porque el pueblo le había pedido que siguiera en el poder. 

A veces pienso que buena parte de nuestra historia republicana es como un disco rayado. 

Por: Felipe Kemp



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