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A 60 años de la “Raza inmortal”


El viernes 14 de junio se cumplen 60 años de la gesta heroica de la “raza inmortal”. Los expedicionarios de junio de 1959 fueron los sembradores de la semilla de la libertad. 

Ellos, junto a los guerrilleros de diciembre de 1963, liderados por Manolo Tavárez, los de febrero de 1973, encabezados por Francis Caamaño, fueron impulsados en su accionar más por un profundo sentimiento ético, que guiados por un sentido de oportunidad. 

La prevalencia de ese sentimiento los diferencia de lo que ocurre con nuestros partidos políticos tradicionales de hoy, que se manejan con muy poca ética y un marcado “pragmatismo”; los distingue de líderes de la actualidad, que faltan al honor cuando incumplen sus promesas o fallan con los plazos o las fechas que ponen. 

Los expedicionarios del 59 se prepararon para venir, y vinieron. El pundonor y una indoblegable voluntad de lucha fue el norte de expedicionarios y guerrilleros. 

Su entrega sin miramientos a la causa popular y patriótica los llevó a asumir, en momentos y condiciones tal vez no aconsejables, una acción liberadora, que preparaban y que tuvieron que posponer en diversas ocasiones. 

En cada caso la ética de la responsabilidad, el sentido del deber moral, indujo a los expedicionarios y guerrilleros a actuar, sin que se pudiera decir que desconocían condiciones, riesgos y perspectivas. 

En su obra “Análisis de la Era de Trujillo” (Informe sobre la República Dominicana), José R. Cordero Michel, inmolado al participar en la gesta de junio del 59, refirió, aun consciente de la “ola revolucionaria” existente en América Latina, que “…cualquier tentativa de invasión que no encuentre en el interior del país un ejército político capaz de transformarse rápidamente en un ejército militar, tiene pocas probabilidades de éxito. 

Todo triunfo dependerá, fundamentalmente, no de la fuerza del exilio, sino del grado de conciencia revolucionaria de las masas en el interior del país. En la actualidad, aunque progresando, ella es aun muy débil” (pág. 66, 7.ª edición, editora UASD, 1999). 

Los anteriores planteamientos fueron formulados por el expedicionario José Cordero Michel apenas algunos meses antes de la gesta, pudiéndose uno preguntar el porqué de su comportamiento. Solo la posesión de un altísimo sentido de responsabilidad moral puede explicar su conducta y la de sus compañeros. 

El mismo patrón ético guió la decisión de los que se alzaron por el respeto a la constitucionalidad en 1963, la del inmenso coronel Rafael Fernández Domínguez cuando cayó abatido en un operativo durante la guerra de abril de 1965, junto a otros destacados combatientes, y la de los guerrilleros de “caracoles” en 1973. 

Estos impulsos éticos a que hemos hecho referencia, y que supuso ofrendas humanas y políticas valiosísimas quizás a destiempo, los fundamentaremos más ampliamente en el próximo artículo, al tiempo de señalar algunas graves consecuencias derivadas de estos acontecimientos.

Por: Celedonio Jiménez

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