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¿Periodistas o Propagandista?

´´Una larga carrera periodística me ha convencido, después de haber observado a muchos presidentes, de que debe existir un alejamiento entre un periodista y el primer mandatario de una nación.´´Walter Lippman

Como el capitalismo lo transforma todo en mercancía y como los medios de comunicación de masas son la nueva forma de controlar a una población a través de propaganda, ha surgido esa especie despreciable de mercenario de la palabra que es el periodista trepador. 

En principio ni siquiera deberíamos llamarlo periodista porque el verdadero periodista va siempre en busca de la verdad y tiene como destinatarios de su oficio a la gente. Debido a que ninguna sociedad a través de la historia ha podido sobrevivir sin información fidedigna y confiable, el verdadero periodista arriesga en ocasiones su vida para buscar la verdad y ofrecérsela a sus lectores. Un Julian Assange es un ejemplo de ello, ya que actualmente corre el riesgo de ir a la cárcel por revelar información que algunos de los gobiernos más poderosos del planeta quieren mantener secreta.

El periodista trepador no tiene como norte la búsqueda de la verdad, sino la de beneficios económicos. Su misión es esencialmente propagandística. Si los artistas antes del surgimiento del capitalismo tenían un mecenas, el periodista mercenario también tiene el suyo, quien es en nuestros tiempos el dueño de algún medio de comunicación de gran escala. Es a él y no al público a quien ofrece sus servicios el periodista mercenario. Su palabra es una palabra comprometida y no en el sentido revolucionario en que Sartre utilizó este término, sino en el sentido de compra y venta de un servicio.

Todo lo anterior explica el surgimiento de ese nuevo empresario que es el empresario de la comunicación. Es ahí donde empieza a escalar el periodista trepador. La empresa le sirve como trampolín para hacer contactos con empresarios, con políticos y con gente de poder a los cuales ofrece sus servicios.

Como la publicidad es la sangre de la que se nutren los grandes emporios periodísticos, son los dueños de estas empresas los que, en muchas ocasiones dictan la política editorial de los medios en los cuales colocan sus anuncios. A la hora de escoger entre un periodista combativo que desenmascara las acciones poco éticas de los sectores de poder y un contrato millonario, el empresario dueño del medio de comunicación normalmente escogerá el contrato.

Esto explica por qué en un en un mundo donde la palabra se ha convertido en otra mercancía, haya surgido el periodista rico que ve el mundo solamente desde la perspectiva de los poderosos. El periodista trepador se ufana de sus relaciones con políticos poderosos a los cuales sirve de ventrílocuo y mensajero.

Como en el mundo moderno la propaganda es una de las formas de control de masas y de lavado de cerebro, muchos periodistas responsables han comprendido que trabajar `para una empresa periodística comprometerá siempre su búsqueda de la verdad. Por eso ha surgido, en contraste con el periodista buscón y prostituido, el periodista independiente.

En un mundo como el actual en el que los que detentan el poder casi siempre tratarán de esconder la verdad, de mantener ocultas sus agendas privadas, el periodista independiente es, como lo llamó alguien, el periodista indeseable, el que no se vende, el que hace las preguntas que los conformistas no hacen, el que desenmascara a los hipócritas y el que revela verdades que los corruptos quieren que no salgan nunca a la luz.

Recientemente hemos visto como el poder ha tratado de silenciar a ese tipo de periodista entre los cuales figuran Edith Febles, Rosa encarnación, María Salazar y otros no tan conocidos como ellos. El intento de silenciar estas voces revela la declarada intención de sectores del poder de acallar a todo aquel que actúe de manera independiente no solo en el periodismo, sino, como se demostró en el caso de la jueza Miriam Germán Brito, en la justicia y en otras dependencias gubernamentales.

No puede haber democracia sin una prensa independiente. Es por eso que en los regímenes totalitarios se empieza por reprimir a los periodistas críticos que no actúan como punta de lanza de esos regímenes. Y es por eso también que cuando se encarcela a un periodista por criticar la política oficial de un gobierno, no debe verse esta represión como un ataque dirigido a un individuo, sino como un mensaje dirigido a todo aquel que esté en desacuerdo con ese gobierno.

Y es esa represión a la prensa el paso previo a una dictadura.

Por: Felipe Kemp

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