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Nuestra capacidad de DETERMINACION


¿La generación perdida, o la prueba irrebatible de la indiferencia, o parte de la vulgaridad masificada, o la divagación de una nación cuya intelectualidad ondulante, flexible, espumosa, inestable, resbaladiza, acuosa y metafórica, solo se manifiesta en una mueca de acciones colectivas? 

¿Hemos fomentado el relevo generacional, o nos creemos eternos? 

¿Quiénes cogerán la antorcha: los muchachos del perreo y el pantaloncito a mitad de nalga; abyectos, envilecidos, alienados, obtusos, orgullosos de no saber ni una palabra de ningún tema, porque el que sabe: tá´mochila, tá´quedao, no tá´? 

Se impone despertar, todavía hay tiempo, se puede corregir el rumbo de esta nave nacional a la deriva, aportemos lo poco o mucho que sabemos, demos el tan decisivo paso al frente. Los asiáticos hace tiempo que dicen que el principio es la mitad de todo, salgamos a escena. 

La sociedad dominicana transita por los escabrosos senderos de una especie de barbarie irracional, en la unidad de cuidados intensivos nos aconsejan una reingeniería social a gran escala, el mapa mental de los que pueden pensar, debe llenar sus espacios con los pasos de una verdadera agenda nacional, salir adelante es la meta. 

Es la hora de iniciar la cruzada épica por la moral, hay que imponer el control de la nobleza del trabajo como la vía para lograr el desarrollo humano, que se imponga el mérito por sobre las complicidades y privilegios, derrotemos la ficción del crecimiento económico contaminado con la toxicidad de la demagogia política. 

A la parte sana de la sociedad dominicana le une el interés de predicar una vida basada en principios y valores morales; pero esa unidad solo germinará frutos con el fortalecimiento de la identidad y la consciencia nacional, atacadas sin descanso por la ambición desmedida de la claque política y el consentimiento del neoliberalismo. 

Cuando la falta de identidad nacional y de consciencia nacional se configuran como un acto de irresponsabilidad colectiva, los pueblos sucumben y pierden su autonomía, se les imposibilita la autorrealización, se confunde la ambición individual con la aspiración colectiva y la sociedad no asume el compromiso histórico de fortalecer el entendimiento del concepto ‘soberanía nacional’, empoderando a cada ciudadano común del alcance de esa prerrogativa constitucional y patriótica que nos faculta para delegar los estamentos del poder en las mejores manos, eligiendo a los mejor intencionados y mejor preparados para administrar con honestidad y pulcritud los bienes del erario público.

Autor: Angel artiles Díaz 

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