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El turismo gastronómico, un valor en alza para los turistas y la economía



Ropa vieja en La Habana, patatas bravas en Madrid, ceviche en Lima o bandeja paisa en Medellín. Cada vez viajamos más para conocer los platos típicos de nuestro destino, algo que mueve a los propios viajeros, pero también a las economías nacionales. 

“La gastronomía fue una parte importante de los 9.000 millones de euros que dejó el turismo en Madrid el año pasado”, cuenta a Efe Luis Cueto, coordinador general del Ayuntamiento de Madrid, tras participar en el I Encuentro de expertos sobre Turismo y Gastronomía en Iberoamérica, celebrado ayer y hoy en la Secretaría General Iberoamericana. 

Para Cueto, la gastronomía de la ciudad es uno de sus mayores “sellos de identidad”, algo reflejado en las encuestas que el consistorio ha hecho a los turistas: “a la gente le apetece comer en Madrid, les llama la atención la oferta por su variedad, con todas las cocinas regionales y del mundo”. 

El coordinador del Ayuntamiento es consciente de la competencia que Madrid tiene frente a otras regiones españolas como País Vasco (norte) que parten con la fama de la gran cocina. 

“Lo que falta es hacer esfuerzo en contarlo, en empaquetarlo y hacerlo visible, porque otros por sus características lo han conseguido con inmensa brillantez y les tenemos envidia, como el País Vasco, pero Madrid tiene los mimbres para ser capaz de hacerlo, hay que contarlo, hay que tener la inteligencia para hacerlo”, opina. 

El turismo y la gastronomía, cada vez más importante para países y ciudades 

“El turismo para Andorra es simplemente vital, tenemos 80.000 habitantes y 8 millones de turistas anuales”, cuenta a Efe el ministro de Economía, Competitividad e Innovación del principado, Gilbert Saboya. 

Un turismo que significa el 25% del Producto Interior Bruto del país aunque “impacta”, según el ministro, “hasta en el 40 por ciento” de manera indirecta. 

Con estas cifras en mente, Andorra está elaborando una base de datos de telecomunicaciones de sus turistas, es decir, qué visitaron, cuál fue su recorrido o dónde pasaron más tiempo, que luego compartirán con el sector turístico. 

“Compartiremos estos datos para que un comercio sepa dónde ha estado antes o después un cliente y así crear una estrategia de atracción mejor”, explica. 

Otro de los grandes ejemplos de estrecha relación entre el turismo y la cultura local es San Sebastián (País Vasco), conocida por ser una de las grandes capitales gastronómicas del mundo. 

Iñaki Gaztelumendi, profesor del Basque Culinary Center y experto en turismo gastronómico, tiene claro que la ciudad “no se entiende sin la cocina” y asegura que el turismo viene jugando “un papel importantísimo” en la zona “desde el siglo XIX”. 

Y aunque el turismo es clave en la ciudad, Gaztelumendi aclara que los donostiarras (nacidos en San Sebastián) son los grandes consumidores de la gran cocina local: “quien va a restaurantes con estrellas Michelin es el donostiarra, esto ha hecho que no podamos entender la gran presencia de restaurantes de alto nivel sin el consumo local”, apunta. 

Descubrir un país por su comida 

La forma de viajar ha cambiado en las últimas décadas, nos movemos de manera distinta, viajamos a destinos más lejanos y nos atraen aspectos de nuestro destino a los que antes no prestábamos tanta atención. 

Gaztelumendi tiene claro que en las últimas dos décadas “ha habido un proceso de cambio, en el que la gastronomía ha ido ascendiendo entre los temas de importancia en la sociedad” y es que, a su juicio, “solo hay que ver el peso que tiene la gastronomía en las redes sociales”. 

“Hace 20 años era un elemento que solo cohesionaba a un grupo de elegidos que viajaban por motivos gastronómicos y ahora se ha extendido al conjunto de la sociedad, para las generaciones más jóvenes se ha convertido en un elemento de socialización de primer nivel, y también de identidad”, analiza. 

En esa misma línea, Lázaro Rodríguez, coordinador de Panamá como Ciudad Creativa de UNESCO en Gastronomía, cuenta que su intención es que en Panamá “lo que venda sea su gastronomía”. 

“Nadie se espera que en Panamá el desayuno típico sea chino, pero es así, queremos un concepto de gastronomía intercultural”, asevera. 

Rodríguez cuenta que el proyecto que lidera identificó que el sector turístico en Panamá “estaba en crisis”, y aunque el gobierno panameño cambiará en las próximas semanas (se celebran elecciones generales el 5 de mayo), todos los candidatos “han tenido presión del sector turístico”. 

“Todos lo tienen en su discurso, para fomentar estrategias que consoliden al país como un destino y ojalá que sea como un destino gastronómico, que es en lo que estamos trabajando”, incide. 

El futuro del turismo: sostenible para el medio ambiente y para la población local 

Los beneficios del turismo son, probablemente, innumerables, pero también está trayendo graves problemas a las ciudades, desde un mayor nivel de contaminación por los modelos turísticos, a la masificación o la turistificación del centro de las urbes. 

El panameño Rodríguez es consciente de estas situaciones y pide “políticas públicas con enfoque de responsabilidad social, de urbanismo y de regulación de la economía colaborativa (Airbnb es el gran ejemplo)”. 

Una cuestión que también ha tenido que afrontar Madrid, donde el turismo masivo y la aparición de los alquileres turísticos ha provocado una subida en los precios de los alquileres de las viviendas que ha desplazado a muchos vecinos de sus barrios. 

Según Cueto, el coordinador general del Ayuntamiento de Madrid, el consistorio ya ha dado un “paso al frente” limitando los alquileres turísticos con una normativa municipal que establece que a partir del día 90, la residencia alquilada a turistas “deja de ser una vivienda y se convierte en un negocio y ya tiene que tener unos requisitos de negocio”. 

“En la zona centro, donde se ha detectado que en algunos barrios hay más población flotante que residente, se tiene que limitar de forma drástica la perdida de residencia para que se convierta en un parque temático”, apunta. 

Pero las consecuencias de la masificación también afectan al medio ambiente. Un claro ejemplo es la transición ecológica que tendrá que llevar a cabo Andorra donde todos los años “llegan cuatro millones de coches”, según cuenta su ministro de Economía. 

Andorra ya está estudiando la conversión de su parque automovilístico a uno eléctrico: “es un oportunidad y un reto porque las necesidades de producción y consumo eléctrico van a cambiar y hay toda una estrategia de transición energética asociada que tendremos que ir desarrollando para anticipar un movimiento que se va a producir tarde o temprano”.


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