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Comunicar no es lo mismo que informar: el dato que no se puede olvidar


Para aquellos que no han logrado entender la importancia de la comunicación en la cultura y en el poder, y que por eso andan diciendo que estudiar Comunicación Social y Periodismo es inútil, es importante recordarles algunos cuantos ejemplos y principios, además de explicarles la importancia que tiene el manejo de la comunicación hoy en día. Porque comunicar no es lo mismo que informar, como se nos quiere hacer creer. Las ramas del periodismo crecen a medida que se desarrolla la modernidad, como pasa con todos los empleos. Y pese a que hay una rama del periodismo que se enfoca en la narración y en la no ficción, una rama que se debate entre las crónicas, los reportajes y los perfiles alumbrados por la luz casi heroica de Kapuscinski; también están las ramas de información de noticias o hechos de actualidad, la rama de opinión, investigaciones, ocio y datos extra. 

La rama del periodismo que se pudre en los venenos del poder que se maneja bajo las riendas de las personas más adineradas del país es la de las noticias y actualidad. Entre informar a medias y parcialmente para proteger a los más poderosos y encubrir a sus dueños, los medios de comunicación tradicionales del país se desgastan en informaciones vacuas con el fin de desinformar al país. A pesar de la lucha por evitarlos, la omnipresencia que caracteriza a estos medios hace imposible evadirlos. 

Cada vez más se nos demuestra que la información es poder. Y por testarudos que prefieren ignorar esta importancia se desconoce la necesidad de buscar, cuestionar y preguntar acerca de las temáticas que se nos ponen en la mesa. Se hace preciso un llamado a la población a desmontar los mitos acerca de la banalidad de estudiar periodismo e indagar. El manejo de la opinión pública es un recurso que los políticos tienen bien manejado y que a diario nos hipnotizan ratificando el buen uso que tienen los comunicadores del manejo de masas. Pero más allá de eso el punto está en tener una posición crítica al respecto y cuestionarse qué nos ocultan, por qué lo hacen, qué hay detrás de eso. Y si un periodista no se hace estas preguntas luego de informar cada noticia, entonces desarrolla su profesión de la forma más mediocre. 

Para nadie es un secreto que a diario se nos bombardea con una avalancha de noticias y novedades que tan efímeras como diversas en nivel de importancia, dispersan los temas de la esfera pública en aspectos de la vida privada o aspectos banales. Tenemos que ser capaces de entender que la reunión del presidente Duque con Donald Trump en la Casa Blanca pudo tener temas políticos, militares y económicos más importantes que el color y la textura del abrigo “de fomi” de la primera dama. 

Se debe recordar que el periodismo no está —como nos quieren hacer pensar los medios de comunicación masivos colombianos— para promocionar las obras del Estado, proteger a políticos ni para defender una ideología. El cuarto poder en Colombia se ha venido bifurcando por la influencia de actores económicos y políticos que gozan de impunidad judicial por su poderío. Los llamados ladrones de cuello blanco. Por el contrario, el periodismo está para indagar y cuestionar las instituciones políticas, vigilarlas y demandar los abusos del poder. Si bien no es buscar una verdad que se distorsiona en cada sujeto y punto de vista, es intentar balancear la justicia en voz de los no escuchados o de lo oculto en busca de transparencia. 

Así, las columnas de opinión son el órgano que aún sobrevive de la esencia pura del periodismo. Es la única rama que se atreve a pararse con una posición crítica y debidamente argumentada a cuestionar la exagerada cantidad de inconsistencias y a apuntar a la incertidumbre en que nos ha dejado la falta de información en el país. Es por medio de estos personajes que aquellos que no tienen acceso a un micrófono o, por el contrario, que tienen miedo a decir lo que piensan por ser vulnerados, tienen voz. 

Es por esto una pena que grandes periodistas como Daniel Coronell sean expulsados de medios por asumir una postura crítica respecto a hechos indignantes con de la vida política colombiana. En busca de la objetividad y la transparencia, él y más de 1000 periodistas han sido vulnerados por la mano oscura que es la que posee la información y que maneja la opinión en Colombia. Él investigando lo que nadie se ha preguntado, criticando a la luz pública lo que nadie se ha atrevido y hablando de temas de los que la gente le falta agallas, se ha ganado tanto el respeto de los ciudadanos y periodistas serios, como enemigos. Coronell en busca de la justicia, así como los líderes sociales, cuenta el tiempo para que la oscuridad gobierne mientras revisa, minuciosamente, sus amenazas de muerte. 

Por: Marian Montes Figueredo 

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