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Una política de agua


A pesar de conocerse desde agosto de 2018 que el país enfrentaría una muy fuerte sequía en los últimos meses de ese año y los primeros de 2019, este gobierno no hizo oportunamente su tarea. 

La evidencia de esta falta de reacción oportuna está en la situación dramática que hoy enfrentan las provincias de la Línea Noroeste, suroeste y sur. Hablamos de escasez de agua para el consumo humano; miles las reses muertas; disminución en un 60% ciento de la producción de leche; en Montecristi y Valverde apenas se sembró un 50% del arroz planificado; afectación de la producción de banano; en el sur, están amenazada la producción de café, aguacate y guandules; proliferación de infecciones en la piel. 

El gobierno y sus ministerios en vez de articular con suficiente tiempo de antelación un plan integral de previsión para contrarrestar los efectos de la sequía, a la carrera se está montando un “plan de mitigación”. Por eso, alarma saber que es ahora que el INDRHI está limpiando unos 200 kilómetros de canales de riego y, lo que es peor, o que apenas se han reparado unas 5 lagunas para almacenamiento de agua, de unas 30 que requieren su intervención. 

Los efectos que está produciendo esta sequía nos tiene que llevar a reflexionar seriamente sobre la situación que enfrenta el medio ambiente en el país y las políticas que estamos obligados a adoptar de cara al futuro inmediato. 

Es importante saber que en los últimos 20 años, el país ha enfrentado por lo menos 6 periodos de sequías consideradas severas, siendo la actual la de mayor intensidad lo que se pone de manifiesto en que la sequía actualmente ya abarca el 95% del país y, por tanto, solo un 5% del territorio nacional está recibiendo los aportes de lluvia necesarios. La situación ha llegado al extremo de que para el 13 de marzo, de las 34 presas, solo dos ¬–Hatillo y Valdesia-Jigüey y Aguacate— tienen disponibilidad de agua. 

Es cierto que como país no podemos detener la emisión de los gases de efecto invernadero o el cambio climático. Lo que si podemos hacer es ejecutar planes para disminuir sus efectos sobre nosotros. 

Es decir, ya sabemos que el país será impactado cíclicamente, entre otras, por sequías que, de continuar a nivel global el progresivo deterioro del medio ambiente, hay que esperar que éstas serán cada vez más frecuentes y severas. 

Si en realidad en la RD funcionara un Estado y fuera dirigido por gobernantes con conciencia de su rol, la situación que hoy enfrentamos a causa de la sequía llevaría a definir estrategias y políticas para prepararnos mejor para su ocurrencia en el futuro. 

Como sabemos, la sequía se produce por efecto de la escasez o total ausencia de lluvia, lo que conlleva que los ríos disminuyan su caudal de agua o simplemente desaparezcan. La insuficiencia de agua afecta el consumo humano, pero también su uso en la agricultura, la ganadería, la agro industria, poniendo en peligro la existencia misma. 

Es por eso que se requiere definir e involucrarnos en la ejecución de una política de agua que conlleva acciones simultáneas a varios niveles. 

Primero: concentrarnos en la producción de agua. Esto implica una definida voluntad de Estado para la preservación de los parques nacionales y las áreas protegidas, reforestación y combate de la depredación de cordilleras, montañas y cuencas de los ríos. En el país hemos estado actuando en vía contraria. Los estudios técnicos establecen que en los últimos 20 años, la cobertura del bosque primario ha bajado de 5 a solo 1.6%, lo que constituye un dato alarmante, si tomamos en cuenta que este bosque es el que más aporta a la estabilización del ciclo hidrológico. Hemos sido testigos del daño y depredación operada en Valle Nuevo, en la Sierra de Bahoruco, los Haitises y las serias amenazas de explotación minera que se mantienen sobre Loma Miranda y la Cordillera Central. 

Segundo: almacenamiento permanente del agua. Para ello se requiere también de una definida voluntad de Estado para la construcción de decenas de presas y contraembalses; de reservorios y lagunas en todo el territorio nacional para aprovechar el agua que producimos y evitar que esta se pierda. 

Tercero: Un uso eficiente del agua. Hay que combatir por todos los medios el desperdicio de agua. Son inaceptables, por ejemplo, en la agricultura, el riego por inundación; en las ciudades, los continuos escapes en los acueductos; la falta de conciencia ciudadana de economizar el agua en el uso doméstico, para lo cual hay que desarrollar una campaña permanente en la familia, la escuela, los centros de trabajo. 

Insisto: como no podemos detener los efectos globales del cambio climático, precisamente por ello, estamos obligados a actuar en todo lo que esté a nuestro alcance para evitar que sus consecuencias sean cada vez más dramáticas sobre el país. 

A pesar de todo, hay razones para mantener viva la esperanza. Las movilizaciones que en estos momentos realizan en todo el mundo niños, niñas, adolescentes y jóvenes auguran que se está gestando una generación con mayor conciencia y compromiso con el medio ambiente que la que exhibe la generación que actualmente toma las decisiones y dirige los destinos del planeta y del país. 

Por: Guillermo Moreno

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