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¿Qué hacer frente a la inminente repostulación de Danilo Medina?



Es cierto que en general la política ha cambiado, pero también que en la sociedad dominicana se encuentra atascada en manos de una élite decadente, no por ausencia de mutaciones en la composición y las expectativas de la ciudadanía, sino porque las relaciones de poder se mantienen congeladas desde que el PLD se convirtió en el partido hegemónico. 

Un ejemplo de lo dicho lo constituye la actitud adoptada por los partidos opositores y los movimientos sociales frente al proyecto continuista de Danilo Medina, el principal artífice junto a Leonel Fernández de la llegada y la permanencia del PLD en el poder. Las inconsecuencias han sido recurrentes ante un presidente que desde su primer día de mandato ha actuado como candidato. 

Recordemos que en 2007 Medina dejó de compartir con Fernández el timón del gobierno para forjar su propio proyecto presidencial, abriendo en el partido boschista la brecha interna que fue zanjada con la recomposición del comité político y el comité central a favor del danilismo. 

A partir de aquel momento Danilo Medina se convirtió en dueño del PLD, desplazando la disputa por el poder a la superficie de los órganos del Estado. En lo adelante sus pasos se orientaron a reconfigurar el orden institucional teniendo de base la Constitución leonelista de 2010. 

Con los ajustes de la Cámara de Cuentas, la Junta Central Electoral y las altas cortes, donde los últimos bastiones de Leonel Fernández fueron sustituidos por danilistas y afines de la sociedad civil organizada, Medina selló su propia institucionalidad para emprender desde ella la tarea de consolidar su proyecto político y de negocios a una escala superior. 

Tal vez por conocerlo a fondo quien mejor se percató de la nueva situación fue el mismo Leonel Fernández que con la imposición de la primera reelección al interior del partido en 2015 bautizó a Danilo Medina como el Trujillo del siglo XXI. 

Y ahí lo tenemos. El debate sobre el discurso de rendición de cuentas de este 27 de febrero demostró que el danilismo, además del control avasallante del Estado, domina la mente del electorado dominicano, situación que no puede desmontarse desde cualquier marketing por creativo y novedoso que pudiera ser o desde retóricas tecnocráticas que más a la corta que a la larga terminan funcionales al oficialismo. 

Cuando la situación política de un país se caracteriza por el dominio de un grupo mafioso con voluntad de permanecer en el poder, los grupos subalternos suelen apelar a la neuropolítica y la democracia de la calle, pero ambas herramientas han sido desdeñadas por el partido mayoritario de la oposición, el Revolucionario Moderno, mientras los pequeños grupos que lo intentan desde el ámbito ciudadano se ven arrinconados por la limitación de recursos y la inexistencia de una lengua política compartida por la diversidad del mapa político alternativo. 

En ese cuadro es casi seguro que Danilo Medina logre no solamente repostularse una vez más, sino también ganar las elecciones de 2020 sin necesidad del fraude in situ y con ello generar una realidad política inaudita en la República Dominicana, sobre todo para los actores opositores y los movimientos sociales que tendrían que replantearse las hipótesis con las que hasta el momento vienen guiado sus pasos políticos. 

Nadie tiene una bola de cristal para predecir el futuro inmediato, pero tampoco hay que tener grandes luces para darse cuenta que el danilismo se vería en grandes apuros si perdiera las próximas elecciones, por eso se atreve a expresar abiertamente su disposición a pagar el precio que haga falta para mantenerse en el poder. 

Nos queda interiorizar el mensaje y actuar desde una estrategia que tenga en cuenta tanto nuestras propias fortalezas y debilidades como las del contrario, si queremos tener el chance de salir airosos de unos comicios cuyos resultados han sido programados desde el más mínimo detalle: composición del árbitro electoral, configuración del perfil del adversario, distribución de los recursos de la contienda, normativa de la competencia, marco de la agenda pública, algoritmo y software del conteo de los votos, rol de la ciudadanía y los grupos de presión y repartición del pastel entre los poderes fácticos. 

Por razones obvias no vamos a detallar aquí los componentes que consideramos claves de una estrategia política para derrotar en esas condiciones a la mafia gobernante, eso sería una ingenuidad, pero en todo caso habría que abandonar el facilismo terapéutico de lo posible, abrirse a los cambios contraculturales de los imaginarios populares, readecuar la apuesta discursiva y comunicacional y resetear las hipótesis de nuestro accionar político. 

Asimismo, tumbar eso de que “Medina no puede repostularse por estar prohibido en la Constitución”. Sumarnos a esa táctica sería quedar atrapados entre las garras del León. Además, si Danilo Medina lo hizo ayer pretender que no lo haga hoy nos coloca en una posición de debilidad al enmarcarnos en un institucionalismo irreal. 

Existen quienes creen que si el Presidente se aventura al cambio constitucional para reelegirse el pueblo se lanzará a la calle dado el rechazo en más de un 70% a una decisión como esa. No perdamos de vista que rechazar algo no necesariamente implica disposición a tirarse a la calle, algo así refiere a otras categorías de la subjetividad política. 

Por el contrario, tenemos que poner los pies sobre la tierra reconociendo que a la gran mayoría de la población dominicana no le importa la Constitución, algunos políticos ilustrados caen en el error de asociar la imaginación popular a sus intereses temáticos y el danilismo saca tremenda ventaja de ello. 

Una estrategia política más aterrizada tendría que partir de que Danilo Medina comprará el Congreso, modificará la Constitución, logrará repostularse y probablemente ganar las próximas elecciones si sus adversarios no hacemos lo que tenemos que hacer, porque igualmente Medina obligará una negociación desde arriba con Fernández, quien a cambio de su sobrevivencia política encontrará la manera de apoyar la modificación constitucional y la reelección de su archienemigo. 

De allí que, además de actuar en base a una estrategia de gran calado político que conecte con las mayorías sociales indiferentes y desencantadas de la política, la respuesta al qué hacer ante la inminente repostulación del presidente Danilo Medina incluye el protagonismo de un bloque ciudadano de fuerzas decididas a darle jaque mate al rey. 



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