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Mirian Germán y el Procurador, más allá de la actuación individual


Se manifiesta la autocomplacencia cuando condenamos lo truhán que ha sido el procurador Jean Alan Rodríguez frente a la jueza Mirian German dejando invisible el rejuego de poder que nos muestra un episodio más de la lucha por el control de la gran corrupción en la cámara penal de la Suprema Corte de Justicia. 

No podemos alegar ignorancia sobre lo que se mueve en el poder judicial, los hechos son demasiado evidentes y nuestro medio se encuentra saturado de escándalos de corrupción que involucran tanto los gobiernos de Danilo Medina como los de Leonel Fernández. 

La contrarreforma de la justicia ha contado con el respaldo y el impulso de algunos de los que hoy cínicamente repudian la actuación del Procurador contra la jueza Germán, en medio del simulacro presidencial para limpiar las altas cortes de jueces leonelistas cambiándolos por danilistas y allegados de la sociedad civil. 

El remeneo tensa las expectativas sobre el choque entre los clanes de Fernández y Medina, quienes se echan en cara judicial y políticamente los más grandes casos de corrupción y malversación de fondos públicos de los gobiernos peledeístas: Funglode-Metro-OISOE-CEA-Odebrech. 

Cada escándalo evidencia el derrotero de ambas asociaciones de malhechores compuestas por políticos profesionales, jueces, fiscales, comunicadores, amigos, empresarios y familiares, y también la complicidad y debilidad de sectores-actores-actrices autoproclamados incólumes, algunos de ellos colocados en la acera alternativa. 

Mirar los hechos o las actuaciones de los personajes de manera aislada hoy día ni en la escuela básica se permite, mucho menos en la vida social y política en un mundo que funciona en red. El ejercicio del poder como toda acción social también funciona en red. 

Así que tenemos que mirar más allá de la acción individual para no perder la noción misma de la acción y evitar que la visión se nos enturbie. La del Procurador frente a la jueza Miriam Germán no es una acción aislada. Como no lo fue en 2013 la de Yeni Berenice cuando siendo fiscal del Distrito Nacional decidió archivar el caso de corrupción de Leonel Fernández y Funglode, o cuando el 27 de marzo de 2015 el juez Moscoso Segarra dio el “no ha lugar” al expediente de lavado de activos de Félix Bautista, o cuando en octubre de ese mismo año el procurador Francisco Domínguez Brito lo dejó caer luego de que la cámara penal de la suprema ratificara la decisión de Segarra. 

La lucha por el control de la justicia, y en específico de la cámara penal de la Suprema Corte de Justicia, tiene de por medio cómo bregar los grandes casos de corrupción y acumulación originaria de capitales violentando la ley y el Estado de Derecho, de allí las tensiones, y no es para menos, porque se trata de expedientes que, mal o bien instrumentados, desnudan a cuáles manos ha ido a parar el crecimiento económico dominicano de los últimos 20 años.

Por: Ana Féliz Lafontaine

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