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El voto electrónico



Sin que nadie la viera venir, Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparencia Internacional, ha puesto el dedo en la llaga respecto de la utilización del voto electrónico en el próximo proceso electoral. Con base en su experiencia y conocimiento del tema valora que el voto electrónico no garantiza ni el secreto del sufragio ni seguridad en los resultados. 

La verdad es que estas afirmaciones, al provenir de alguien con la autoridad de la presidenta de Transparencia Internacional, han removido el ambiente electoral, en momentos en que cinco partidos –PLD, PRD, PRM, Opción Democrática y Alianza País— han arribado a un acuerdo para la utilización del voto automatizado, como le llama la JCE, en las elecciones primarias. 

En el país hay un caldo de cultivo propicio para el rechazo de esta tecnología pues aún no nos reponemos del trauma causado por la utilización en 2016 de scanners para la transmisión de las actas de votación y que permitieron que estas elecciones fueran un “tollo” electoral, plagado de irregularidades, trastrueque de las votaciones y fraude. 

Los cuestionamientos que se han planteado nos obligan a profundizar en el uso de esta tecnología. En ese sentido es conveniente anotar las principales condiciones concertadas con la JCE para la implementación del voto automatizado en las elecciones primarias. 

Ante todo decir que el software para la implementación del voto automatizado fue desarrollado por los técnicos de la JCE y los equipos a utilizar serían adquiridos mediante licitación pública. 

En la decisión de optar por el voto automatizado primó el convencimiento de que la celebración de las primarias sería prácticamente inmanejable con el voto manual. En éstas, restándole el 20% de las reservas que faculta la Ley, se podrán nominar hasta 107,910 precandidatos, en 8 niveles de elección, para optar por 3,290 cargos electivos. 

El proceso de votación automatizada sería el siguiente: El elector presenta su Cédula de Identidad y Electoral para ser leída en un código de barras, y aparecen sus datos en una pantalla para su validación por un funcionario del Colegio Electoral que le autoriza votar. El elector, en una caseta resguardada, procede a ejercer su derecho al voto, pulsa primero en una pantalla táctil el símbolo del partido de su preferencia. A continuación el elector va desplegando cada nivel de elección y pulsa sucesivamente el precandidato de su simpatía. Seguidamente se imprime un comprobante como registro del ejercicio del voto que el elector deposita en la urna. Al final de la votación, en el colegio se emite un acta del resultado que se entrega a los partidos y se transmite a la JCE. 

Los partidos exigieron varias condiciones que la JCE asumió para aprobar la utilización del voto automatizado en las primarias. Entre los acuerdos figura: I) realizar auditorías técnicas, por una firma de probada reputación, a los equipos, al software, a los códigos de los programas y al módulo de comunicación; II) que la JCE muestre a los técnicos de los partidos para su revisión el código fuente; III) verificación de que el código auditado es el mismo instalado en el computador de cada colegio electoral; IV) garantizar que durante el proceso de votación los equipos permanecerán desconectados al internet para evitar sean hackeados; V) garantizar en el software que no se pueda establecer relación entre el votante y el partido por el que votó; VI) hacer por lo menos dos simulacros a nivel nacional de las votaciones primarias; VII) realizar, luego de las votaciones, una auditoría aleatoria de por lo menos el 10 % de los colegios electorales para verificar la correspondencia entre los datos de la votación registrados en las máquinas de votación y los comprobantes depositados en la urna. 

Ahora bien, en este tema no podemos tomar el rábano por las hojas. Sin importar si es manual o electrónica, no es la modalidad de votación la que determina que unas elecciones sean o no transparentes y creíbles. La primera y principal condición para garantizar elecciones limpias y resultados legales y legítimos es contar con un órgano electoral independiente, responsable y confiable. 

Si el árbitro electoral se somete y actúa en función de los intereses del partido oficial, o carece de carácter y voluntad para enfrentar el fraude y promover sanciones ante la violación de las normas electorales, el resultado de las elecciones será un engaño sin credibilidad alguna. 

Un órgano electoral responsable es el que toma las medidas para garantizar que los funcionarios de los colegios electorales o los técnicos electorales en el desempeño de sus funciones respondan a una ética que les impida trastocar los resultados de las votaciones o venderse al mejor postor. 

En el país, desde el 1962, se ha utilizado el voto manual en 19 procesos electorales y salvo muy contados, el resultado ha sido dominado por el fraude y se ha manipulado la voluntad popular. 

A la JCE que hoy tenemos nadie puede firmarle un cheque en blanco. Tenemos la obligación de exigirle respetar y hacer respetar la ley en las materias de su competencia. En la democracia, para que funcione, estamos todos obligados a la vigilancia permanente.

Por: Guillermo Moreno


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