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El turismo de manada

Uno de los mantras que con frecuencia uno escucha y lee en los medios de comunicación locales es el del ´´relanzamiento turístico de Puerto Plata. Todo el énfasis en el desarrollo de nuestra provincia, por lo que uno lee y escucha, parece estar concentrado mayormente en esta área. Y se entiende este énfasis de las autoridades y de los empresarios tanto locales como extranjeros en hacer que se invierta en turismo porque estas inversiones son jugoso negocio para los funcionarios y empresarios que se lucrarán en grande de dichas inversiones.

En principio no me opongo a las inversiones en el área turística. Mi objeción es que en nuestra provincia las inversiones en este sector han creado una ciudad exclusiva. Mientras se construyen hoteles, hermosos campos de golf, y otras obras de infraestructura para los visitantes extranjeros, el resto de la ciudad es abandonada porque los locales no contamos excepto para votar, pagar impuestos y ser cada vez más explotados. 

La función de nosotros, los locales, es la de participar como simples espectadores. Mientras a los turistas se les ofrece confortables autobuses, jeepetas con aire acondicionado, y choferes bien vestidos, nosotros, los de aquí tenemos que conformarnos con motoconchos de aspecto mugriento porque para las autoridades locales ese es el transporte colectivo que nos merecemos los puertoplateños. 

A los turistas se les ofrece lo mejor de la cocina dominicana en restaurantes de una higiene impecable; a nosotros, un mercado cuya suciedad y falta de higiene le dan más el aspecto de un estercolero que un lugar de expendio de alimentos. 

A los turistas se les protege celosamente porque no quiere darse la impresión de que somos un país con una policía eficiente. Pero todo el aparataje de protección es solo momentáneo.
No se conoce una ciudad en un solo día y los turistas que vienen en cruceros a visitarnos solo obtienen una muestra parcial y condicionada de lo que somos como ciudad. Condicionada porque sus visitas están pre planeadas. 

Al turista que nos visita se le aísla de la realidad total de nuestra ciudad. Una vez, mientras regresaba a Nueva York después de pasar un verano aquí, hablé con una turista que había pasado una semana en Puerto Plata. Le pregunté que si había salido a conocer la ciudad y me dijo que durante su estadía aquí no salió del hotel donde se había hospedado. 

Mientras en otros en otros países la policía ofrece protección tanto a locales como a extranjeros, aquí se crea en muchos resorts una policía exclusivamente para turistas. Mientras en otros países un eficiente sistema de señales y semáforos crea un tráfico que fluye con armonía, tomando en cuenta tanto a peatones como a vehículos, aquí se despliega una policía de tráfico que hipócritamente intenta dar una imagen de orden solo en los días que vienen turistas.

He visitado otros países y he disfrutado de las mismas amenidades culturales a las que tienen acceso los nativos. En Argentina me paseé a mis anchas por la ciudad de Córdoba y me senté en un café sin que nadie supiera que era extranjero; visité varias librerías en busca de libros sin que nadie me detectara como visitante. Y mientras viví en Estados Unidos conocí y hablé con varios turistas a los que conocí en circunstancias similares: en los cafés al aire libre que ofrece la ciudad. El precio que pagaban ellos y el que pagaba yo por disfrutar de estos lugares era el mismo.

Pero aquí el turista se conoce inmediatamente. Se conoce porque los conducen como a ganado a los lugares prestablecidos por los que tienen la sartén en la mano en este negocio; se conocen por los buscones que paran lambisconamente el avance de un carro para proteger a los turistas que pasean por la ciudad, mientras se les importaría un pepino que a uno de nosotros nos arrolle un vehículo a alta velocidad en estas calles que se han convertido para muchos ciudadanos nuestros en rutas de la muerte por el tráfico cada vez más caótico que nos caracteriza como ciudad.

Yo abogo por una ciudad inclusiva. Una ciudad que ofrezca buenos servicios y amenidades no solo a un grupo de visitantes sino a todos. Esa es la característica de una gran ciudad. Y por desidia, falta de visión, y de verdadera planificación, Puerto Plata no se ha convertido hasta ahora en esa ciudad.

Por: Felipe Kemp

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