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La construcción de un bloque electoral alternativo no se alcanzará por efecto del comportamiento de aquellos partidos, o por la simple formulación de la propuesta.



La definición del proyecto reeleccionista de Danilo Medina, en marzo de este año, y la selección de las candidaturas en los distintos partidos, sin dudas, serán los acontecimientos políticos de mayor trascendencia de 2019. 

Este nuevo año, para los partidos y sectores verdaderamente comprometidos con sacar al peledé del poder, será de grandes retos y oportunidades. Ante todo, va a sanear el ambiente de la oposición, pues la dinámica política terminará por identificar los partidos que quieren jugar a la oposición cuando en realidad hacen causa común con una de las facciones del peledé. De igual modo, decantará a aquellos cuyo verdadero interés es garantizar su franquicia y finalmente están dispuestos a sumarse a cualquier partido que se lo posibilite. 

Es en esta perspectiva que el 2019 brinda una gran oportunidad para avanzar en la constitución de un espacio de oposición verdaderamente alternativo al peledé y al modelo que han impuesto en sus casi 20 años en la dirección del Estado. 

Ahora bien, la construcción de un bloque electoral alternativo no se alcanzará por efecto del comportamiento de aquellos partidos, o por la simple formulación de la propuesta, sino que será el resultado de un esfuerzo conscientemente dirigido para definirlo, concertarlo y hacerlo andar. Hay que estar consciente que por la característica diversa de sus integrantes será un campo de tensión y de intereses. Es decir, será un camino lleno de obstáculos que va a requerir de hombres y mujeres dispuestos a vencerlos. 

Hay si algunas cuestiones que es necesario puntualizar para desde ya definirle algunos contornos al espacio a construir. Avanzo algunas ideas iniciales. 

El bloque electoral alternativo tiene que construirse desde la política pues la actual encrucijada del país solo tiene una salida política. 

El bloque tiene que actuar con una definida vocación de poder. Por tanto, no se trata de una participación testimonial en la coyuntura en desarrollo, sino mostrar una decidida voluntad de ganar el gobierno como medio para hacer las reformas y transformaciones necesarias para producir el cambio democrático. 

El bloque tiene que ser amplio y, por tanto, abrirse a la participación del movimiento social. Tiene que integrar un liderazgo político, social, comunitario y ciudadano, caracterizado por su honestidad, compromiso social, convicciones democráticas, capacidad y amor patrio. Solo logrando que un liderazgo con esas condiciones vaya al poder ejecutivo, al congreso y a los ayuntamientos, alcanzaremos una nueva representativa democrática, condición imprescindible para darle la correcta direccionalidad al proceso de cambios a impulsar. 

El bloque tiene que ejercer una frontal oposición al peledé y su modelo. Es decir, no puede reducirse a un conciliábulo de partidos para la participación electoral. Hay que articular lo electoral con el conjunto de luchas sociales y de las comunidades por sus derechos económicos, sociales y ambientales, entre otros. La sociedad tiene que ver en el bloque alternativo un instrumento viable y confiable para cambiar el actual estado de cosas. La gente tiene que sentir la presencia y acompañamiento del bloque en las luchas que se libren. 

El bloque tiene que inaugurar nuevas formas de hacer política que lo diferencie del ejercicio corrupto y clientelar tradicional. Se trata de predicar con el ejemplo y practicar desde ahora los cambios que anuncien los discursos. 

Mas allá de estas características hay dos cuestiones concretas que son cruciales resolver para definir la conformación del bloque. 

Una es dotarse de un programa de gobierno que contenga las reformas y transformaciones necesarias para hacer el cambio democrático. Por necesidad tendrá que ser un programa de mínimos indispensables que sea el punto de encuentro de la diversidad de sectores políticos, sociales, religiosos y ciudadanos que integren el bloque. La clave aquí esta en fortalecer las coincidencias y trabajar, en un proceso constructivo, las diferencias. 

La otra es alcanzar la madurez política necesaria para unificar el bloque alternativo en torno a candidaturas a nivel presidencial, congresual y municipal. Para ello se hace necesario lograr un compromiso ético para definir el perfil de los candidatos y de una nueva práctica política y de ejercicio del poder. Estos últimos aspectos son los que harán que el bloque, además de alternativo sea una fuerza moral, que haga la diferencia con la corrupción característica de los gobiernos y altos dirigentes del peledé. 

Por: Guillermo Moreno 



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