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El periodismo no puede silenciar ni intimidar en 2019



A lo largo de casi 16 años, asumimos un compromiso público en defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras brasileñas, del campo y de la ciudad. Publicizamos siempre nuestro posicionamiento político y editorial a través de nuestros vehículos. 

Iniciamos 2019 con el desafío de seguir pautando las luchas de los movimientos populares, contra todo tipo de retroceso. En el año de elecciones presidenciales, realizamos una amplia cobertura por el sitio, con programas de radio, con tabloides estaduales y un periódico impreso nacional que circuló el país con millones de ejemplares, presentando las propuestas de los dos candidatos que fueron a la segunda vuelta. A uno de ellos, Fernando Haddad, manifestamos nuestro apoyo, tras la impugnación de la candidatura del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, preso político desde el 7 de abril. Quien ganó fue Jair Bolsonaro, el candidato del mercado financiero y de la extrema derecha, en una elección caracterizada por violencia y por la divulgación masiva de noticias falsas en internet. 

Nacimos junto a los movimientos populares, cuando Lula asumió el poder en 2003, y seguimos los logros y desafíos de los gobiernos populares del PT. Ahora, se impone la tarea de producir periodismo en un gobierno que no respeta ni a los profesionales de la comunicación. 

Reiteramos nuestro compromiso con la libertad de prensa y el derecho a la comunicación. Las amenazas son evidentes, y el periodismo no puede silenciar ni intimidar en esa coyuntura, bajo el riesgo de incumplir su función social. Junto a los colegas de la prensa alternativa, nos sumamos en defensa de la información de interés público. 

No esperamos del gobierno Bolsonaro, y de la mayoría del Congreso Nacional, nada más que ataques a los derechos de la clase obrera y del desmontaje del Estado. 

Desde el golpe parlamentario de 2016, el proyecto hegemónico se ha convertido en la entrega de riquezas nacionales al capital extranjero, la sumisión a los intereses estadounidenses, la destrucción del medio ambiente y la violación a los derechos humanos, con ataques a los pueblos indígenas a los movimientos de lucha del país, el campo y la ciudad. Bolsonaro pretende radicalizar esa postura. Pero, una vez que se ha comprometido con la Constitución, hay espacio para la resistencia. Este es nuestro margen de maniobra y de actuación periodística. Trabajaremos día tras día para denunciar violaciones y garantizar avances. 

Nuestra resistencia será activa. La experiencia acumulada por los movimientos populares, en casi 30 años de apertura democrática, no puede ser despreciada. De manera pacífica y valiente, comprometidos con los valores democráticos, caminaremos lado a lado.


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