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Donde está escondida la poesía puetoplateña, que no se oye


En que rinconcito de la ciudad, se encuentra escondida la poesía puertoplateña, ese ejercicio de la imaginación y la sensibilidad sobre el amor y la muerte, que ya no escuchamos su canto, en las voces de los poetas locales, Ángel Rivera Juliao, Andrés Ulloa, Eunice Castillo, Arsenio Díaz, Omar Messon, el profesor Antonio Cruz, Jhoana Goede y otros. 

Vamos a recordar aquella obra poética de Gabriel García Márquez, Poema desde un Caracol, para que nuestros poetas locales, se entusiasmen, se animen y salgan del caracol, perfumado por los aires del Atlántico, para cantar con sus propias voces y “jamás colocar la bandera de la imaginación a media asta”, seguir haciendo poesía, para seguir viviendo y sonriendo libremente. 

Por: Juan Payero Brisso



Poema desde un caracol

Por Gabriel García Márquez 

Yo he visto el mar. Pero no era 

El mar retórico con mástiles 

Y marineros amarrados 

A una leyenda de cantares. 

Ni el verde mar cosmopolita 

—mar de Babel—de las ciudades, 

que nunca tuvo unas ventanas 

para el lucero de la tarde. 



Ni el mar de Ulises que tenía 

Siete sirenas musicales 

Cual siete islas rodeadas 

De música por todas partes. 



Ni el mar inútil que regresa 

Con una carga de paisajes 

Para que siempre sea octubre 

En el sueño de los alcatraces. 



Ni el mar bohemio con un puerto 

Y un marinero delirante 

Que perdiera su corazón 

En una partida de naipes. 



Ni el mar que rompe contra el muelle 

Una canción irremediable 

Que llega al pecho de los días 

Sin emoción, como un tatuaje. 



Ni el mar puntual que siempre tiene 

Un puerto para cada viaje 

Donde el amor se vuelve vida 

Como en el vientre de una madre. 



Que era mi mar el mar eterno, 

Mar de la infancia, inolvidable, 

Suspendido de nuestro sueño 

Como una paloma en el aire. 



Era el mar de la geografía 

De los pequeños estudiantes, 

Que aprendimos a navegar 

En los mapas elementales. 



Era el mar de los caracoles, 

Mar prisionero, mar distante, 

Que llevábamos en el bolsillo 

Como un juguete a todas partes. 



El mar azul que nos miraba, 

Cuando era nuestra edad tan frágil 

Que se doblaba bajo el peso 

De los castillos en el aire. 



Y era el mar del primer amor 

En unos ojos otoñales. 

Un día quise ver el mar 

—mar de la infancia—y ya era tarde.

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