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Para quien se hacen las leyes?

República Dominicana se ha ido convirtiendo con los años en un país donde las estadísticas, debido a la ineficiencia de sus instituciones , alcanzan, cada vez más, dimensiones hiperbólicas. Somos el país con uno de los mayores índices en el mundo de muertes fatales por accidentes automovilísticos; también tenemos una exagerada cifra de mortalidad infantil, y una constitución tan manoseada que lleva ya 39 modificaciones y otra en camino para satisfacer la sed insaciable de poder del nuevo presidente. 

Tenemos una burocracia gubernamental hipertrofiada y depredadora donde pululan botellas individuos que cobran cifras escandalosas sin trabajar y otros que gastan olímpicamente los recursos del estado. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, detentamos también la oprobiosa fama de ser uno de los países más corruptos del mundo.

En medio de este contexto de desvergüenza, falta de controles públicos, y despilfarro de los recursos del estado no resulta nada extraño que un individuo como Rhadamés Camacho exhiba hoy una fortuna astronómica que para muchos resulta altamente cuestionable. Al leer algunos de los comentarios externados en torno a la riqueza de este hombre que se las ha ingeniado, por medios que muchos críticos califican de inexplicables, para amasar una fortuna para muchos injustificada, lo que a este redactor le sorprende es el espanto causado por lo que en esta tierra es ya un lugar común. ¿Acaso no existen en la fauna política dominicana otros Rhadamés Camacho, es decir, individuos que, a causa de su falta de recursos, andaban con una mano detrás y otra delante y que hoy aparecen con fortunas indecentes? 

Toda una estampida de periodistas se ha desatado cuestionando el origen de la riqueza de este hombre que, es de imaginar, será para muchos un modelo de ascenso económico a través de la política. Pero poco importa que la fortuna de Rhadamés Camacho mueva a suspicacia. El organismo encargado de investigar estos casos, la Cámara de cuentas (¿?) está compuesta, en su mayoría por contertulios de su partido. En consecuencia no importa cuántas denuncias se hagan sobre los bienes del ahora potentísimo legislador, a él no le preocupa nada toda esta fanfarria que se ha desatado en los medios de comunicación sobre el origen de sus cuantiosos bienes. Por eso cuando un periodista le preguntó que si era cierto que no había presentado su declaración jurada de bienes, el presidente de la Cámara de diputados le respondió con un rugido de tigre diciéndole de manera airada:

¡Hermano, usted tiene que respetar…Atienda a este tema que es más importante que esa vaina!. 

El exabrupto iracundo del presidente de la Cámara de Diputados es una prueba más de que para él, así como para muchos mal llamados legisladores, la ley solo se aplica a los de abajo. No a ellos. ¿Cómo llamarle legislador a un hombre como Rhadamés Camacho que demuestra con su conducta un desprecio tan bochornoso por la ley? 

El mismo presidente de la república, por otro lado, no ha sido lo suficientemente severo con los funcionarios de su gobierno que se toman todo el tiempo que quieran para cumplir con este mandato. No hace mucho tiempo, Danilo Medina amenazó con sacar de la nómina a aquellos funcionarios de su gobierno que no hicieran su declaración jurada de bienes en la fecha indicada. Cuando muchos no lo hicieron, el presidente los excusó diciendo públicamente que muchos no sabían la fecha límite. ¿Ha de sorprendernos, entonces, que Rhadamés Camacho y cualquier otro funcionario le pase por encima a esta ley? 

Los de abajo tenemos que sacar el marbete a tiempo, tener la licencia de conducir en orden, pagar los abusivos impuestos con los que se financia la vida de lujos exorbitantes que se dan nuestros legisladores. Pero ellos le pasan por encima a las mismas leyes que crean.

La ciencia médica nos enseña que cuando el sistema inmunológico de un cuerpo está débil surge la enfermedad en ese cuerpo. De manera análoga cuando el sistema moral de un país está enfermo surgen los Rhadamés Camacho. 

Por: Felipe Kemp

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