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Neymar, Messi, Ronaldo y James: El ocaso de los dioses


Neymar, cabizabajo, se retira del campo de juego en el estadio de Kazan. El jugador más caro de la historia del fútbol -el París Saint Germain pagó USD$ 220 millones- se quedaba sin copa mundo. Era la quinta estrella absoluta que quedaba eliminada. Este mundial ha reafirmado que el fútbol es un deporte colectivo. Ni Argentina con Messi, ni Ronaldo con Portugal, ni Uruguay con Suarez o Colombia con James llegaron a semifinales. Ninguno jugará los siete partidos en Rusia. 

Lo de Messi fue, de lejos, lo más decepcionante. Nadie discute que el ídolo del Barcelona comparte el Olimpo de los dioses del fútbol con Maradona y Pelé. A los 31 años se despide de la posibilidad de levantar una copa del mundo. Con Argentina vivió momentos de angustia. Los que lo conocen dicen que están hundido en la peor de las depresiones y que ya no quiere volver a vestir la camiseta albiceleste. Contra Francia, en octavos, mostró su peor versión. Igual es un crack absoluto que la seguirá rompiendo con el Barcelona. Con la Selección ya no pudo. Un gol y una asistencia suenan muy poquito para un hombre con los números de Messi. 

El Mundial de Ronaldo, su archirrival, no fue para nada malo. Le tocó comandar un Portugal sin ideas ni brillo. Contra España hizo una presentación excepcional, marcó tres goles, uno de ellos de tiro libre que es considerado uno de los mejores del torneo. Su presentación se fue desinflando y en el partido contra Uruguay fue borrado de la cancha. Ahora le quedará arreglar su futuro con el Real Madrid, asunto que parece enredado debido a sus desencuentros con Florentino Pérez, mandamás del equipo mernegue. Su destino será, con toda probabilidad, la Juventus de Turín. A sus 34 años CR7 nunca levantará una copa del mundo. 

Si había un jugador ilusionado con este mundial era nuestro James Rodríguez. Su temporada con el Bayern fue excepcional. Había tenido un mes entero de recuperación pero los fantasmas de su lesión en el sóleo de la pierna derecha acabaron la ilusión. Contra Japón, bajo el hermetismo al que nos tiene acostumbrados José Pékerman, no se supo sino hasta último momento la verdad: James estaba reventado físicamente. Jugó sólo 20 minutos contra Japón y se veía nervioso, deprimido, inseguro. Contra Polonia pareció despuntar: dos asistencias y un nivel superlativo nos recordaron a su mejor versión, la que le alcanzó para ser goleador hace cuatro años en Brasil. Fue el jugador del partido. Algo sucedió en el entrenamiento previo contra Senegal. El gemelo volvió a tirarle. Jugó solo 25 minutos cuando fue reemplazado por Muriel. El partido de los octavos de final contra Inglaterra lo vio desde las gradas. James lo lloró como ningún otro colombiano. A sus 27 años llegará con 31 a Catar. Podrá tener desquite. 

El caso de Neymar fue patético. Marcó dos goles y deslumbró con sus gambetas, pero, su necesidad de exagerar lesiones, fue por lo que se le recordará en su segundo mundial. Contra Bélgica se chocó con una muralla. Se le vio frustrado. Igual tiene 26 años y, como James, también tendrá desquite.

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