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La crisis en Haití expone el fracaso de la ayuda humanitaria de EEUU al país caribeño



Los haitianos rechazan las exigencias del FMI para un acuerdo de "ayuda humanitaria" que exige el fin de los subsidios a los derivados del petróleo / Tereza Sobreira 

Cientos de personas protestan en Haití desde el pasado viernes (6) contra el aumento en los precios de la gasolina, del petróleo y del queroseno. El aumento se debe a una medida acordada en febrero entre el gobierno del país y el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

La medida de "ajuste" exigida por el FMI implicaba el aumento de la gasolina en un 38%, del diésel en un 47% y del queroseno en un 51% - este último utilizado por la mayoría de los haitianos para iluminación, pues no hay electricidad en la mayoría de las casas. 

Esta decisión está relacionada con un acuerdo de ayuda humanitaria entre el gobierno de Haití y el FMI realizado sin el consentimiento de la población como parte de un programa de ajustes cuyo propósito era poner fin al subsidio a los productos derivados del petróleo con el pretexto de reducir el déficit en el presupuesto del gobierno y "estabilizar" la economía. 

Las protestas contra la medida fueron inmediatas porque el acceso al combustible sólo es posible gracias a los subsidios ofrecidos por el gobierno. La mayoría de los haitianos aún vive en la pobreza extrema, en un país con alto índice de desempleo y alta inflación. 

Origen de la deuda 

La deuda de Haití con el FMI comenzó tras el terremoto de 2010, que causó la muerte de más de 200 mil personas y pérdidas materiales enormes, cuando la organización financiera realizó un "préstamo" de 114 millones de dólares al país caribeño, que debería comenzar a ser devuelto después de cinco años y medio. 

La calamidad que atravesó el país también abrió la oportunidad para la "ayuda humanitaria" de la ONU, que pasó a controlar a Haití a partir de la MINUSTAH, con la presencia de 7 mil soldados y policías. Después de la llegada de la misión de la ONU, el país también sufrió una epidemia de cólera que ha matado a más de 8.000 personas , según los datos oficiales, más de 30.000 personas, de acuerdo a estudios independientes. Se suman a esta catástrofe los huracanes Matthew e Irma, de 2016 y 2017, después de los cuales miles de personas perdieron sus casas y desde entonces continúan viviendo en campamentos. 

El terremoto sirvió de motivación para una nueva intervención "humanitaria" de Estados Unidos en Haití, donde años antes, entre 1951 y 1986, fue responsable de implementar la dictadura de los Duvalier para controlar y saquear los recursos naturales de la isla caribeña. 

Ayuda fraudulenta 

La intervención extranjera acabó convirtiéndose en un fraude económico porque mientras el país seguía sufriendo las consecuencias del terremoto, los millones de dólares de "ayuda humanitaria" del FMI nunca llegaron a la población. Casi el 90% de la financiación se detuvo en manos de organizaciones extranjeras, entre ellas la Fundación Clinton. La deuda externa de Haití está estimada en 890 millones de dólares y entre los mayores acreedores están, además del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 

A la vista de las reacciones provocadas en los últimos días contra el aumento de los precios de los combustibles, el presidente de Haití Jovenel Moïse revocó la decisión el sábado (7) y determinó que la población regresó a sus hogares. Sin embargo, las protestas continuaron en diversas ciudades, en la capital del país, Puerto Príncipe, y en otras ciudades. Tres personas murieron debido a los enfrentamientos con la policía. 

En este escenario, sindicatos del país, con el apoyo de diversas organizaciones populares rurales y urbanas y grupos de oposición al gobierno realizaron una huelga general el lunes y el martes (9 y 10) y paralizaron el transporte. 

Salidas y movimientos sociales 

En la evaluación de los movimientos populares, hay que mantener la presión para exigir la salida del presidente de Moïse y del primer ministro haitiano, Jack Guy Lafontant. Además de la presión de los manifestantes, el gobierno enfrenta también una escisión interna en la base del gobierno, y algunos sectores de la burguesía comercial que dependen de la importación de productos de la República Dominicana también exigen la salida del presidente por haber aumentado los aranceles. 

Ante la actual crisis política en el país, comienzan a delinear escenarios posibles si el gobierno renuncie. Una de ellas sería la reubicación del territorio haitiano por parte de las tropas de ocupación de la MINUJUSTH, que, en la evaluación de los movimientos populares del país, retroceso ante la actual parcial desmilitarización. La otra posibilidad sería la formación de un gobierno de transición y la convocatoria de nuevas elecciones en el país en tres meses. La tercera vía, considerada la más difícil en este momento, sería la convocatoria de un diálogo nacional. 

Debido a la inestabilidad en el país, las autoridades de la República Dominicana, país vecino de Haití, reforzaron la seguridad en las fronteras de la isla, con el envío de tropas terrestres y patrullas aéreas para evitar una nueva ola migratoria. El país limítrofe es conocido por aplicar una política de repatriaciones forzada y de violencia xenofóbica contra el pueblo haitiano.


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