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PP, PE, PF, PLT, PED, PSA, PC

La gente está podrida de ver todos los días en los medios de comunicación la discusión sobre la ley de partido y de la jodida primarias abiertas o cerradas. Sobre este tema están divididos los dos partidos mayoritarios y todos los pequeños, que adoptan la posición de los grandes dependiendo de sus simpatías por una u otra de las facciones que lo dividen. 

Por ejemplo, el PRD como aliado del gobierno apoya la posición de los danilistas de aprobar las primarias abiertas porque no tienen otra cosa que hacer. El PRSC, por su parte apoya las primarias cerradas en línea con una facción del PRM que sigue esa línea. Y así pasa con el resto de los partidos pequeños aliados a uno u otro bando. 

Y todo porque la intención aparente detrás de las primarias abiertas es liquidar las aspiraciones de Leonel Fernández. Otros afirman que es para hacer ganar a un candidato que, en un partido de oposición, aunque no faltan los que creen que todo se reduce a conseguir una vía para habilitar la reelección. 

En este lio del demonio lo que mejor resulta para el país es que se concrete un pacto político (PP) para salir del atolladero. Pero dado los conflictos y posiciones extremas de los dos bandos todo indica que eso no sucederé y que la ley de partidos no se promulgará y de hacerse de forma forzada nadie la respetará. 

O sea, las elecciones serán otro espectáculo bochornoso, lleno de dinero sucio, enormes gastos en clientelismo, compra de votos y manipulaciones electrónicas. ¿O pregúntele a Diaz Rua como ganó el PLD sus pasadas elecciones? 

Otro problema mayúsculo es el eléctrico. El Pacto Eléctrico (PE) que está en manos del gobierno es una “chingada” como dirían los mexicanos. Lo primero que hay que hacer es devolver ese pacto a otra comisión más pequeña para que lo revise y lo modifique, incluyendo la venta y privatización de ese elefante blanco llamado Punta Catalina. De aprobarse como esta, es igual a tirarlo a la basura porque nadie lo respetará. 

El martillo de Thor que machaca la economía dominicana cae en la cabeza del déficit y la deuda. Ambos, de seguir su curso actual, llevaran al país en plazo no mayor a dos años a un nuevo ajuste estructural forzado por el FMI y con consecuencias devastadoras. 

Para evitarlo, se requiere de un Pacto Fiscal (PF), que es lo más cercano a un cuento de hadas. Nada parece indicar que al gobierno le interesa negociar ese pacto y mucho menos a 22 meses de las elecciones. 

El problema de la doble tributación que se paga a los trabajadores, (pensión y cesantía) tiene que ser resuelta ya que de lo contrario el sector informal de la economía se comerá vivo a los que todavía sobreviven en el sector formal. 

El viejo Código Laboral debe ser revisado de pies a cabeza y ponerlo a la altura de los más avanzados de la región. Eso requiere un Pacto Laboral Tripartito (PLT) que resuelva este grave problema. Pero todo indica que esto jamás sucederá. 

Después están los problemas que afectan a los dos sectores más importante del área social. Educación y salud. El famoso 4% del PIB a educación, se sigue dilapidando en gastos de personal administrativo y dispendios innecesarios mientras que la calidad de la educación sigue siendo tan crítica como antes. Muchas escuelas nuevas, que aún no tienen pupitres ni maestros y estudiantes que desertan antes de terminar la primaria. Y de la salud es mejor ni hablar porque los indicadores son una vergüenza para un país que crece por encima del 5%. 

Desde las muertes materno infantil hasta las incidencias de enfermedades infectocontagiosas que ciegan la vida de miles de dominicanos cada año por la falta de prevención e higiene, la salud en este país es una verdadera tragedia. 

Pero hay en el tapete un PED y un PSA, cuya discusión y aprobación podrían llevarse una o dos décadas. 

Finalmente, parece que también necesitamos un Pacto de Campaña (PC) porque la prohibición de la JCE se la están pasando por el trasero y con razón. 

Aquí no se respeta nada y mucho menos si viene de la JCE. Entiéndase, del gobierno de Danilo. Porque prohibirle a Leonel y a la oposición que hagan campaña, mientras el presidente se pasa 4 años en plena actividad política y buscando la reelección, parece una verdadera injusticia.

Por: José Lois Malkún

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