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La dictadura perfecta: Paralelismo político-electoral entre RD y México



La dictadura perfecta mexicana encaja perfectamente con el régimen de turno en la República Dominicana con un partido (PLD) inamovible que, al igual que el PRI de aquel periodo, concede espacio "limitado" a la crítica para simular que vivimos en democracia. 

En medio de una sensación generalizada de victoria inminente de Andrés Manuel Lopez Obrador (AMLO) en las próximas elecciones en México, el próximo 1ro de Julio, se está produciendo un interesante debate sobre su significado e importancia histórica. 

Inspirado en el artículo de Alberto Olvera publicado en la revista Nueva Sociedad ¿Fin de régimen en México? expongo algunas reflexiones al respecto. 

En las elecciones mexicanas ejercerán el voto por primera vez aproximadamente cuarenta millones de jóvenes menores de 29 años de edad con poca memoria histórica sobre el periodo conocido como el de la “Presidencia Imperial Mexicana 1939-2010”. 

En ese régimen de 71 años bajo control absoluto del PRI, con dominio de los poderes formales (Congreso, Suprema Corte, Gobernadores, Presidentes Municipales), el Presiente imperaba como un sol sobre los planetas, que giraban en torno suyo. 

Durante todo ese tiempo un solo hombre (el presidente) tomaba todas las decisiones. Por estas características este periodo también ha sido denominado como el México de la “Dictadura Perfecta” (Ver documental de Luis Estrada). 

La dictadura perfecta encaja perfectamente con el régimen de turno en la República Dominicana con un partido (PLD) inamovible que, al igual que el PRI de aquel periodo, concede espacio para la crítica contra la corrupción en la medida que le sirve para simular que vivimos en democracia, pero al mismo tiempo suprime la crítica política real y reprime toda acción ciudadana y popular que atente contra su permanencia en el poder recurriendo a todos los medios incluidos los criminales. 

Lo que sí está en la memoria y la piel de la juventud mexicana son los flagrantes casos de corrupción, los 129 dirigentes y candidatos asesinados en lo que va de campaña electoral, los crímenes como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la creciente ola de violencia que han propiciado el sentimiento de hartazgo y enojo entre la mayoría de la población. 

La ciudadanía se siente harta de la violencia, de la corrupción, la impunidad y la tremenda desigualdad social, son razones suficientes para demandar un cambio y la salida de los corruptos del gobierno. 

El nivel de rechazo del actual presidente ronda el 80%, siendo AMLO quien mejor ha sabido capitalizar el hastío. La falta de respuesta de la élite gobernante a los problemas y demandas de los pueblos de México ha contribuido notablemente al hartazgo. Problemas de pobreza y desigualdad social donde las cifras de trabajadores que no ganan lo suficiente para alcanzar la canasta básica de alimentos, pasó de 32% en el 2006 a un 39% en el 2017, según datos oficiales que reconocen que uno de cada tres trabajadores formales no logra mantenerse con el sueldo que gana. 

¿Qué representa para México lo que parece a todas luces una inminente victoria de AMLO? En algo coinciden las voces críticas. Es poco probable que AMLO pueda realizar parte importante de las transformaciones propuestas en su plan de gobierno. 

Su victoria no significará una ruptura con el sistema tradicional de partidos políticos, en cambio sí el auge del viejo nacionalismo. Planteado así AMLO se convertiría en una figura de recambio ante la decadencia del PRI y la fractura del PAN. 

Lo que se produciría sería una rotación de élites políticas, lo que Gramsci llamaba ‘transformismo’, una especie de reciclamiento de las élites bajo el mando de un grupo nuevo. 

Con AMLO se pretende que el régimen político vuelva a sus orígenes, al presidencialismo todopoderoso en clave nacionalista, aunque el nacionalismo histórico ya no tiene viabilidad en el siglo 21. 

“Apenas esté en el poder, López Obrador va a contemporizar” ha dicho Elena Poniatowska, reconocida escritora mexicana y premio Cervantes de literatura, seguidora desde hace mucho tiempo de AMLO a quien considera, sin embargo, la mejor opción. 

Mordaz en sus comentarios críticos Poniatowska asevera que AMLO no ha tocado el tema del aborto, y no lo va tocar. Él es cristiano y sus convicciones religiosas se ajustan con las de los mexicanos. Incluso, el nombre de su partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) es guadalupano, y a la virgen la llaman Morena. 

Las dudas tienen su razón de ser en la falta de solidez política y deficiencia de puntos en común entre las diversas fuerzas que integran la coalición variopinta Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, Partido del Trabajo, Partido Encuentro Social y Movimiento Ciudadano, cuyo candidato presidencial es AMLO. Esta alianza electoral ha recibido fuertes críticas por tratarse de una coalición entre partidos de “izquierda” (Morena y PT) con una formación de pastores evangélicos ultraconservadores (Partido Encuentro Social). 

Muy a pesar de esas dudas el fortalecimiento de la conciencia cívica y la creciente participación política de jóvenes y de la ciudadanía por los derechos humanos, favorecen a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como seguro ganador en las próximas elecciones mexicanas, lo que ya está fuera de discusión, como tampoco está fuera de duda de que la mafia pld encabeza una dictadura perfecta en la República Dominicana en los mismos términos planteados en la extraordinaria película de Luis Estrada.

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