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Perspectivas del turismo dominicano


La prosperidad del turismo dominicano brotó como un milagro —impensado, inesperado, brusco— fruto de las medidas de política cambiaria de 1985-86. Hasta ese tiempo, todo el esfuerzo por aumentar el flujo de visitantes extranjeros chocaba con un escollo insuperable: la sobrevaluación de nuestra moneda y, secuela inevitable, la falla de competencia de una posible oferta turística nacional. 

Después, la realidad anduvo como miel sobre hojuelas. De prácticamente nada, en quince años pasamos a tener casi cuarenta mil habitaciones de hoteles. Un verdadero portento. Súbitamente llegaron los flujos de visitantes y las cifras se hincharon: medio millón, un millón, dos millones, seis millones de forasteros cada año. Todo aquello, sépase, con muy escaso apoyo del sector público en sus inicios y, casi, a contrapelo de la vocación gubernamental de aquellos tiempos. 



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