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Con banderas no vencemos al PLD



En el juego de las banderas se tacha el antagonismo del estado de guerra en que han entrado las facciones danilista y leonelista. 

Vivimos el tiempo de las banderas. Cada quien tiene la suya. La levanta en la selva mediática para marcar su territorio. 

¿Y si por un momento las bajamos y nos detenemos a pensar en la imagen del ladrón que se nos mete todos los días en nuestra habitación para robarnos frente a nuestros ojos impúdicos? 

Es la imagen de la relación entre gobierno y sociedad mientras se agitan las banderas. Las hay de todo tipo, son muchas según las identidades narrativas de cada quien. 

En el juego de las banderas se tacha el antagonismo del estado de guerra en que han entrado las facciones danilista y leonelista. 

Las redes de ambas son transversales a la sociedad y el Estado, se reparten el espectro radioeléctrico y el capital extraído de los negocios público-privados. 

La guerra entre danilistas y leonelistas viene de atrás con momentos de calma y de tormenta, pero en la medida en que se acerca el 2020 da visos de tornarse cruel y destructiva. Las escaramuzas del Tribunal Constitucional inauguran una nueva temporada. 

Pensamos que no. Que saben negociar y lo harán. Ambos grupos coinciden en lo principal, retener el poder para la marca PLD. El poder une. Quienes queremos el cambio político tenemos que tenerlo claro. ¿Cómo enfrentar un estado-partido? 

Un estado-partido que dispone de una élite de “expertos en todo” dedicada 24/7 a programar las luchas sociales y las agendas de la sociedad civil organizada, mientras juega su propio juego controlando el tiempo y el marco de actuación de los partidos opositores. 

La respuesta no pueden ser las banderas y tiene que venir de una ciudadanía que se atreva a enfrentar el poder con todo lo que esto implica. Comenzando por mutar en un nosotras que sepa inscribir su mensaje en el cerebro de la gente normal más que poner una bandera en su mano. 

Por: Martha Samboy


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